Totalitarismo liberal y socialista
La sustitución del liberalismo
que se imponía inicialmente mediante el terror jacobino o los
pronunciamientos, las guerras civiles y el falseamiento de las
elecciones, por los métodos "pacíficos" de la actual
democracia liberal,
y la renuncia al marxismo por los partidos socialistas
occidentales, que consistió en cambiar la imposición
totalitaria del socialismo por su implantación también mediante
la democracia liberal
es ejercer en realidad un poder mucho mayor que el de imponer la
obediencia mediante la fuerza externa, porque es conseguir la
adhesión mediante la interiorización. Conseguir que alguien
obedezca o se someta voluntariamente es tenerlo más dominado que
si lo hace por la fuerza. La seducción mediante el engaño, la
manipulación, la demagogia o el sistema educativo adoctrinador
son violaciones no menores, sino mayores de la libertad y de la
dignidad humana.
El tema de la coacción mediante la interiorización lo denuncia
ya Juan Pablo II en 1980: "El hombre
tiene precisamente miedo de ser víctima de una opresión
que lo prive de la libertad interior, de la posibilidad
de manifestar exteriormente la verdad de la que está convencido,
de la fe que profesa, de la facultad de obedecer a la voz de la
conciencia que le indica la recta vía a seguir. Los medios
técnicos a disposición de la civilización actual, ocultan...
la posibilidad de una subyugación
«pacífica» de los individuos, de los
ambientes de vida, de sociedades enteras y de naciones, que
por cualquier motivo pueden resultar incómodos a quienes
disponen de medios suficientes y están dispuestos a servirse de
ellos sin escrúpulos" (Dives in misericordia, 11).
La clave está en que la libertad está unida a la verdad y al bien, a obrar conforme a la naturaleza humana. Conseguir que otro actúe en discordancia con la ley natural, con lo que es un comportamiento humano, es violar su dignidad, y si se consigue mediante la seducción o el sistema educativo es mayor violación de la libertad y de la dignidad y es ejercer más poder que si se consigue mediante la fuerza de la coacción externa. Aunque suele funcionar un trinomio de miedo + simpatía + interés. O a veces es un polinomio de miedo + simpatía + interés + ignorancia + chantaje...
Mientras que el objetivo de toda educación es que los hombres (varones y mujeres) y los pueblos obren bien y que sea voluntaria y libremente por su propio convencimiento, consciente y bien informado.
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Es maniqueísmo, gnosticismo, decir que la autoridad es mala. Ahí está la raíz del rechazo del principio de autoridad por los sistemas surgidos de las revoluciones de la Edad Contemporánea. Es maniqueísmo, es gnosticismo lo que hay en el liberalismo y en lo que ha venido después. Esa actitud tan simpática de condenar las normas, las leyes, las obligatoriedades, los castigos, es maniqueísmo.
Es el liberalismo, el gnosticismo, el que al
condenar la autoridad la equipara a la subyugación, al
sometimiento, a la explotación. Es mucho más absolutista el
estado liberal basado en la Soberanía Nacional, en la doctrina
del Pueblo Soberano.
Es la democracia liberal la que cumple la afirmación de Spinoza
de que la democracia es el más absoluto de los sistemas. Y aún
más absoluta es la versión socialista de la democracia liberal.
Ellos son spinozianos.