CRISTIANDAD FUTURA
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LA SÍNTESIS DE LA RELIGIÓN Y DE LA VIDA EN LA CRISTIANDAD FUTURA
La tarea de todo cristiano es realizar la síntesis de la religión y de la vida en sí mismo ante todo y, consiguientemente, porque el bien es difusivo, contribuir a su realización en su prójimo, en toda la sociedad y en todos los aspectos de la vida social y política. Debe configurar su vida con Cristo prioritariamente, y, en consecuencia, pero al mismo tiempo, procurar la misma configuración con Cristo en la vida de su prójimo y en todos los aspectos de la civilización y de la cultura de su época. Si los cristianos de la Edad Media lograron el desarrollo de su civilización al cristianizarla, aunque imperfectamente, la sociedad cristiana no es algo exclusivamente medieval. La humanización de la vida es el objetivo de todas las épocas, y la cristianización es siempre la clave de la civilización. Así lo expresó en 1947 Pío XII en la indicada ocasión de la canonización de san Nicolás de Flüe ante los peregrinos suizos que honraban a su compatriota:

"¿Caéis en la cuenta, amados hijos de la hora presente y de la dolorosa antítesis que ofrece a nuestros ojos? De una parte nosotros, que cantamos la gloria de los santos de la Edad Media, de aquellos santos que han realizado en sí mismos, en la unidad de la religión y de la vida, la «devoción a Dios», y de la otra, en el polo opuesto, una parte excesivamente grande del Mundo llevando a la práctica la «devoción al Mundo», la idolatría del Mundo hasta la negación de Dios, hasta la profesión del ateísmo más absoluto.
¿Cuál será prácticamente la solución en lo que a vosotros concierne, vosotros que vivís en medio de este desconcierto de los más altos valores espirituales y morales? ¿La vuelta a la Edad Media? Nadie ha soñado con eso: pero sí la vuelta a aquella síntesis de la religión y la vida. Ésta de ningún modo fue un monopolio de la Edad Media: supera infinitamente todas las contingencias y es siempre actual, porque es la clave de arco de toda civilización; el alma que ha de vivificar toda cultura, so pena de que se destruya con sus propias manos y se precipite en el abismo de la malicia humana, que ante sus pasos se abre desde el momento en que con la apostasía comienza a separarse de Dios" (Pío XII, 16.05.1947. Cristiandad, Barcelona, tomo IV, 1947, p. 301).

El papa constata que aquella síntesis realizada en la Edad Media, aunque imperfectamente, entre la religión y la vida, se ha disgregado, desintegrado, hasta convertirse en "desconcierto" y producir la "antítesis" de "la profesión del ateísmo más absoluto". La civilización y la cultura van así a la autodestrucción, este es el pronóstico que sigue a ese diagnóstico. Y la solución es la siempre actual síntesis de la religión y de la vida. Esto es lo que vino Cristo a traer y lo que dejó como misión de la Iglesia, no sólo lo sobrenatural propio de su divinidad, sino la inserción de lo sobrenatural, de lo divino, en lo natural humano. Para redimirlo, para sanarlo, para humanizarlo. Y para divinizarlo, para sobrenaturalizarlo, para darle valor de vida eterna. Para habilitar a cada hombre para ir al cielo. Cristianizar también la sociedad para que pueda cumplir el deber de acatar a Dios como tal colectivamente, y porque esto, el reino de Dios en lo personal, en lo social y en lo político, es el bien del hombre, porque creará así el ambiente apropiado para que cada persona pueda llevar una vida cristiana, y por lo tanto, y sólo así, plenamente humana, y porque de ahí vendrá el florecimiento y la fructificación de la civilización y de la cultura en su máximo esplendor terreno. Esta síntesis de la vida humana individual y colectiva y de la vida divina, en la tierra, será realizada en el reinado de Cristo, que Él mismo implantará por su amor ardiente expresado en su Sagrado Corazón.

El maligno enemigo, Satanás, lo que intenta es la disgregación, deshacer aquella síntesis de fe y vida. A veces, violentamente como dragón; a veces, suavemente como serpiente. La descendencia de la serpiente enfrentada a la descendencia de la mujer, es decir, enemiga siempre de la humanidad, intensifica en nuestra época el intento de la disgregación. También fue denunciado ese intento por Pío XII:

«El "enemigo" se encuentra por todas partes y en medio de todos. Sabe ser violento y taimado. En estos últimos siglos ha intentado llevar a cabo la disgregación intelectual, moral, social de la unidad del organismo misterioso de Cristo. Ha querido la naturaleza sin la gracia; la razón sin la fe; la libertad sin la autoridad; a veces, la autoridad sin la libertad. Es un "enemigo" que cada vez se ha hecho más concreto, con una despreocupación que deja atónitos todavía: Cristo, sí; Iglesia, no. Después: Dios, sí; Cristo, no. Finalmente el grito impío: Dios ha muerto; más aún, Dios no ha existido jamás. Y he aquí la tentativa de edificar la estructura del mundo sobre fundamentos que Nos no dudamos en señalar como a principales responsables de la amenaza que gravita sobre la humanidad: una economía sin Dios, un derecho sin Dios, una política sin Dios. El "enemigo" se ha preparado y se prepara para que Cristo sea un extraño en la universidad, en la escuela, en la familia, en la administración de la justicia, en la actividad legislativa, en la inteligencia entre los pueblos, allí donde se determina la paz o la guerra» (Pío XII. Discurso en el XXX Aniversario de la Acción Católica Italiana, 12-10-1952).

El Papa siguiente, el beato Juan XXIII, insiste en la misma denuncia con fuertes palabras. Y caracteriza a nuestra época por este intento de excluir a Dios del orden temporal y lo califica de insensato, si lo que se quiere es que el orden temporal prospere:

"La insensatez más caracterizada de nuestra época consiste en el intento de establecer un orden temporal sólido y provechoso, sin apoyarlo en su fundamento indispensable o, lo que es lo mismo, prescindiendo de Dios; y querer exaltar la grandeza del hombre cegando la fuente de la que brota y se nutre, esto es, obstaculizando y, si posible fuera, aniquilando la tendencia innata del alma hacia Dios. Los acontecimientos de nuestra época, sin embargo, que han cortado en flor las esperanzas de muchos y arrancado lágrimas a no pocos, confirman la verdad de la Escritura: Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la construyen (Sal 127, 1)" (Juan XXIII. Mater et magistra, 15.05.1961, n. 217).

Allí mismo, el beato Juan XXIII explica que es la separación de Dios lo que hace al hombre inhumano y, no sólo pone como ejemplo las persecuciones cruentas que sufren los cristianos (n. 216), sino que a continuación es donde dice que es aun más insensato el intento, característico de nuestra época, de excluir a Dios del orden temporal.

"El hombre, separado de Dios, se torna inhumano para sí mismo y para sus semejantes, porque las relaciones humanas exigen de modo absoluto la relación directa de la conciencia del hombre con Dios, fuente de toda verdad, justicia y amor" (Juan XXIII. Mater et magistra, 15.05.1961, n. 215).

Tenemos ahí la doctrina positiva de la conexión del hombre con Dios como base de las relaciones humanas, además de la condena de la separación de Dios como origen de toda inhumanidad personal y social.

Esta síntesis de la religión y de la vida fue proclamada insistentemente por el papa Juan Pablo II, porque es tema permanente y esencial de la misión de la Iglesia y fue explicada también frecuentemente por Canals (Francisco Canals Vidal) especialmente en la revista Cristiandad de Barcelona.

Dice Canals, por ejemplo: "Si la quiebra del sentido común, y la desintegración del orden natural resultante de ella, han servido poderosamente a la pérdida de la fe y de la vida cristiana en nuestro tiempo, hay que reconocer también que son una enfermedad a cuyo contagio hemos sido especialmente propicios como efecto de la quiebra de aquella «síntesis de la religión y de la vida», que define el ideal de la civilización cristiana, y que presidió la génesis de la Cristiandad occidental" (Francisco Canals Vidal: Política española: pasado y futuro. Barcelona.1977. Pág.11).

Véase en el mismo libro (pág. 201) una amplia exposición de este tema clave en el trabajo de Canals publicado inicialmente en la revista Cristiandad de Barcelona en 1952, Sobre la organización política de la Cristiandad medieval. En este trabajo, explica la distinción entre el retorno a la Edad Media, que no es de lo que se trata, y "el retorno a Dios y al orden establecido por Dios", que es la tesis católica y "aquello en que puede el mundo hallar la única garantía de la paz". También explica ahí las causas desencadenantes de la crisis final de la Edad Media. Cita previamente del espléndido libro de Penella de Silva, My dear Mister Truman estas ideas: "El orden medieval nunca se derrumbó; se esfumó nada más, y muy lentamente... Y por cierto que, desaparecido este orden, no apareció nada que lo sustituyera. Desde entonces y hasta hoy nuestra civilización no ha conocido otro" (p. 203). Y, después, dice Canals al final de este artículo: "Primeramente las pasiones y ambiciones de los emperadores de Franconia y bien pronto el apoyo prestado al naciente absolutismo cesarista en Occidente por los legistas, causaron, al enfrentar la cabeza temporal de la Cristiandad con el Pontificado, el comienzo de la ruina de aquel ideal unitario del mundo cristiano. Esta fue fundamentalmente la tragedia de la Edad Media" (p. 210).

Aquel orden medieval, Penella de Silva dice que lo "debemos valorar como un bosquejo útil". La Cristiandad futura es lo bosquejado en la Cristiandad medieval.

El papa Juan Pablo II proclamó una vez más, el 27 de julio de 2003, que el Evangelio se aplica a toda la vida social, incluyendo la política, la economía y la cultura (lo que hace recordar también la última enseñanza del padre Orlandis: "Lo quiero todo"):

“El Evangelio es luz que ilumina todo el vasto campo de la vida social: la familia, la cultura, la escuela y la universidad, los jóvenes, los medios de comunicación social, la economía, la política... Cristo sale al encuentro del hombre dondequiera que viva y trabaje, y da pleno sentido a su existencia”, dijo el Juan Pablo II en Castelgandolfo en su breve predicación antes del rezo del Ángelus (L'Osservatore Romano, 1.08.2003).

Estas palabras sintetizan las que aparecen en su Exhortación Apostólica Ecclesia in Europa (28.06.2003, n. 58):

"La evangelización de la cultura debe mostrar también que hoy, en esta Europa, es posible vivir en plenitud el Evangelio como itinerario que da sentido a la existencia. Para ello, la pastoral ha de asumir la tarea de imprimir una mentalidad cristiana a la vida ordinaria: en la familia, la escuela, la comunicación social; en el mundo de la cultura, del trabajo y de la economía, de la política, del tiempo libre, de la salud y la enfermedad".

He aquí como define el papa Benedicto XVI la paz como paz mesiánica de plenitud traída por Jesucristo que la ganó para nosotros con su sangre:

"Al derramar su sangre y entregarse a Sí mismo, Cristo trajo la paz que, en el lenguaje bíblico, es síntesis de los bienes mesiánicos y plenitud salvífica extendida a toda la realidad creada". (Catequesis pontificia del miércoles 7.09.2005).

El papa Benedicto XVI ha vuelto a defender la síntesis de la religión y de la vida (15.09.2005) recordando lo proclamado por el Concilio Vaticano II:

"La separación entre la fe que profesan y la vida cotidiana de muchos debe ser considerada como uno de los errores más graves de nuestro tiempo" (Gaudium et spes, 43).

La nueva síntesis de fe y vida, el reinado de Dios, en las enseñanzas de la Iglesia

La síntesis de la religión y de la vida en las enseñanzas del Papa Pío XII

La síntesis de la religión y de la vida en las enseñanzas de Juan XXIII

La nueva síntesis de fe y vida, el reinado de Dios, en las enseñanzas del Papa Juan Pablo II
La síntesis de fe y vida ante todo personal
La síntesis de fe y vida en la sociedad

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