La imagen de Nuestra Señora
del Perpetuo Socorro
(conocida en el Oriente bizantino como el icono de la
Madre de Dios de la Pasión)
http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=18008
http://es.wikipedia.org/wiki/Virgen_del_Perpetuo_Socorro
Origen
Según una tablilla colocada antiguamente al lado del icono con un resumen histórico de la imagen, la cuna de este cuadro fue la isla de Creta. Aunque su origen es incierto, se estima que el retrato fue pintado durante el decimotercero o decimocuarto siglo. El icono parece ser copia de una famosa pintura de Nuestra Señora que fuera, según la tradición, pintada por el mismo San Lucas. La original se veneraba en Constantinopla por siglos como una pintura milagrosa, pero fue destruida en 1453 por los turcos cuando tomaron la ciudad. Fue pintado en el estilo plano característico de iconos y tiene una calidad primitiva.
Descripción
La imagen o icono original del Perpetuo Socorro está pintado al temple sobre madera. Mide 53 cm de alto por 41,5 cm de ancho. Sobre un fondo de oro destacan cuatro figuras. En el centro, llenándolo todo como protagonistas, la Virgen y el Niño; y en un lejano segundo plano, los dos arcángeles Miguel y Gabriel con los instrumentos de la Pasión. Según costumbre oriental, cada personaje está identificado por una inscripción griega en abreviatura.
Es un icono bizantino de la Virgen de la
pasión. Los arcángeles Gabriel y Miguel presentan a Jesús
niño los instrumentos de su Pasión futura. Al contemplar esta
dramática visión, el niño, en su condición de hombre mortal y
pasible, se asusta y se estremece y en un brusco movimiento busca
socorro en los brazos de su
Madre, a cuya mano se aferra con fuerza. El susto y movimiento
brusco del Niño están expresados por la contorsión de piernas,
el repliegue del manto y la sandalia desprendida.
La Virgen se nos muestra sólo de medio cuerpo y en actitud de pie. Viste túnica de color rojo abrochada en el cuello y un manto azul marino que la cubre desde la cabeza. Bajo el manto apunta una cofia verde mar, que recoge y oculta sus cabellos. Tiene sobre la frente dos estrellas. Las coronas de oro y pedrería del Niño y de la Madre son regalos del Capítulo Vaticano para su coronación.
Cuando este retrato fue pintado, no era común pintar aureolas. Por esta razón el artista redondeó la cabeza y el velo de la Madre para indicar su santidad. Las halos y coronas doradas fueron añadidas mucho después. El fondo dorado, símbolo de la luz eterna da realce a los colores más bien vivos de las vestiduras. Para la Virgen el maforion (velo-manto) es de color púrpura, signo de la divinidad a la que ella se ha unido excepcionalmente, mientras que el traje es azul, indicación de su humanidad. En este retrato la Madona está fuera de proporción con el tamaño de su Hijo porque es -María- a quien el artista quiso enfatizar.
La Virgen no está mirando al Niño para consolarlo, sino que se sobrepone al dolor de su Hijo y al suyo propio y endulza benignamente su rostro, para ofrecer al que la contempla una mirada llena de acogida y de ternura y un mensaje de esperanza.
El Niño Jesús descansa sobre el brazo izquierdo de su Madre y se agarra con ambas manecitas a la mano derecha de la Virgen, buscando protección, al contemplar los instrumentos de la Pasión que le aguarda. El Niño divino, siempre con esa expresión de madurez que conviene a un Dios eterno en su pequeño rostro, está vestido como solían hacerlo en la antigüedad los nobles y filósofos: túnica ceñida por un cinturón y manto echado al hombro. Su túnica es verde, ceñida con faja roja y su manto es de color rojizo marrón. Tiene entrecruzadas las piernas y lleva los pies calzados con simples sandalias, con la peculiaridad que la del pie derecho queda suelta y colgando.
Todo es simbolismo. Los instrumentos que
presenta San Gabriel son la cruz griega de doble travesaño y
cuatro clavos. San Miguel, la lanza y la esponja. Nótese que los
ángeles no tocan los instrumentos de la pasión con las manos,
sino con el paño que los cubre.
Ambos arcángeles ocultan sus manos que sostienen un pomo con los
símbolos de la Pasión. Los abundantes pliegues y sombreados de
las vestiduras van profusamente marcados en oro.
Con estos sencillos elementos y símbolos el inspirado artista bizantino consiguió plasmar en este bellísimo Icono su fe y devoción y legarnos un objeto para el culto y devoción, rico en contenido teológico, como veremos a continuación. Las Abreviaturas Griegas que hay escritas sobre el Icono significan:
MP OY [Meter Zeu]: Madre de Dios (en los ángulos superiores del Icono) O AP M [O Arjanguelos Mijael]: el Arcángel Miguel (sobre el arcángel que está a la izquierda de quien mira). O AP G [O Arjanguelos Gabriel]: el Arcángel Gabriel (sobre el arcángel que está a la derecha del que mira). IC XC [Iesus Jristos]: Jesucristo (a la derecha de la cabeza de Jesús Niño).
El pequeño Jesús tiene en el rostro una expresión de temor y con las dos manitas aprieta la derecha de su Madre, que mira ante sí con actitud recogida y pensativa, como si estuviera recordando en su corazón la dolorosa profecía que le hiciera Simeón, el misterioso plan de la redención, cuyo siervo sufriente ya había presentado Isaías.
La imagen en Roma
En el siglo XV un comerciante
acaudalado de la isla de Creta tenía la bella pintura de Nuestra
Señora del Perpetuo Socorro. Era un hombre muy piadoso y devoto
de la Virgen María. Cómo habrá llegado a sus manos dicha
pintura, no se sabe. ¿Se le habría confiado por razones de
seguridad, para protegerla de los sarracenos? Lo cierto es que el
mercader estaba resuelto a impedir que el cuadro de la Virgen se
destruyera como tantos otros que ya habían sufrido esa suerte.
Por protección, el mercader decidió llevar la pintura a Roma.
En ruta se desató una violenta tormenta y todos a bordo
esperaban lo peor. El comerciante tomó el cuadro de Nuestra
Señora, lo sostuvo en lo alto, y pidió socorro. La Santísima
Virgen respondió a su oración con un milagro. El mar se calmó
y la embarcación llegó a salvo al puerto de Roma.
Cae la pintura en manos de una familia
Tenía el mercader un amigo muy querido en la ciudad de Roma así
que decidió pasar un rato con él antes de seguir adelante. Con
gran alegría le mostró el cuadro y le dijo que algún día el
mundo entero le rendiría homenaje a Nuestra Señora del Perpetuo
Socorro.
Pasado un tiempo, el mercader enfermó de gravedad. Al sentir que
sus días estaban contados, llamó a su amigo a su lecho y le
rogó que le prometiera que, después de su muerte, colocaría la
pintura de la Virgen en una iglesia digna o ilustre para que
fuera venerada públicamente. El amigo accedió a la promesa pero
no la llegó a cumplir por complacer a su esposa que se había
encariñado con la imagen.
Pero la Divina Providencia no había llevado la pintura a Roma
para que fuese propiedad de una familia sino para que fuera
venerada por todo el mundo, tal y como había profetizado el
mercader. Nuestra Señora se le apareció al hombre en tres
ocasiones, diciéndole que debía poner la pintura en una
iglesia, de lo contrario, algo terrible sucedería. El hombre
discutió con su esposa para cumplir con la Virgen, pero ella se
le burló, diciéndole que era un visionario. El hombre temió
disgustar a su esposa, por lo que las cosas quedaron igual.
Nuestra Señora, por fin, se le volvió a aparecer y le dijo que,
para que su pintura saliera de esa casa, él tendría que irse
primero. De repente el hombre se puso gravemente enfermo y en
pocos días murió. La esposa estaba muy apegada a la pintura y
trató de convencerse a sí misma de que estaría más protegida
en su propia casa. Así, día a día, fue aplazando el desprenderse
de la imagen. Un día, su hijita de seis años vino hacia ella
apresurada con la noticia de que una hermosa y resplandeciente
Señora se le había aparecido mientras estaba mirando la
pintura. La Señora le había dicho que le dijera a su madre y a
su abuelo que Nuestra Señora del Perpetuo Socorro deseaba ser
puesta en una iglesia; y, que si no, todos los de la casa
morirían.
La mamá de la niñita estaba espantada y prometió obedecer a la
Señora. Una amiga, que vivía cerca, oyó lo de la aparición.
Fue entonces a ver a la señora y ridiculizó todo lo ocurrido.
Trató de persuadir a su amiga de que se quedara con el cuadro,
diciéndole que si fuera ella, no haría caso de sueños y
visiones. Apenas había terminado de hablar, cuando comenzó a
sentir unos dolores tan terribles, que creyó que se iba a morir.
Llena de dolor, comenzó a invocar a Nuestra Señora para que la
perdonara y la ayudara. La Virgen escuchó su oración. La vecina
tocó la pintura, con corazón contrito, y fue sanada
instantáneamente. Entonces procedió a suplicarle a la viuda
para que obedeciera a Nuestra Señora de una vez por todas.
Accede la viuda a entregar la pintura
Se encontraba la viuda preguntándose en qué iglesia debería
poner la pintura, cuando el cielo mismo le respondió. Volvió a
aparecérsele la Virgen a la niña y le dijo que le dijera a su
madre que quería que la pintura fuera colocada en la iglesia
situada entre la basílica de Santa María la Mayor y la de San
Juan de Letrán. Esa iglesia era la de San Mateo, Apóstol.
La señora se apresuró a entrevistarse con el superior de los
Agustinos quienes eran los encargados de la iglesia. Ella le
informó acerca de todas las circunstancias relacionadas con el
cuadro. La pintura fue llevada a la iglesia en procesión
solemne el 27 de marzo de 1499. En el camino de la
residencia de la viuda hacia la iglesia, un hombre tocó la
pintura y le fue devuelto el uso de un brazo que tenía
paralizado. Colgaron la pintura sobre el altar mayor de la
iglesia, en donde permaneció casi trescientos años. Amado y
venerado por todos los de Roma como una pintura verdaderamente
milagrosa, sirvió como medio de incontables milagros, curaciones
y gracias.
En 1798, Napoleón y su ejército francés tomaron la ciudad de
Roma. Sus atropellos fueron incontables y su soberbia, satánica.
Exilió al Papa Pío VII y, con el pretexto de fortalecer las
defensas de Roma, destruyó treinta iglesias, entre ellas la de
San Mateo, la cual quedó completamente arrasada. Junto con la
iglesia, se perdieron muchas reliquias y estatuas venerables. Uno
de los Padres Agustinos, justo a tiempo, había logrado llevarse
secretamente el cuadro.
Cuando el Papa, que había sido prisionero de Napoleón, regresó
a Roma, les dio a los agustinos el monasterio de S. Eusebio y
después la casa y la iglesia de Sta. María en Posterula.
Una pintura famosa de Nuestra Señora de la Gracia estaba ya
colocada en dicha iglesia por lo que la pintura milagrosa
de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro fue puesta en la capilla
privada de los Padres Agustinos en Posterula. Allí
permaneció sesenta y cuatro años, casi olvidada.
Hallazgo de un sacerdote Redentorista
Mientras tanto, a instancias del Papa, el Superior General de los
Redentoristas, estableció su sede principal en Roma
En 1855 los Redentoristas compraron los terrenos de Villa Caserta, situados al lado de la Via Merulana, muy cerca de Santa María la Mayor, y en su interior estuvo edificada la iglesia de San Mateo.
Allí construyeron un monasterio y la iglesia
de San Alfonso. Uno de los Padres, el historiador de la casa,
realizó un estudio acerca del sector de Roma en que vivían. En
sus investigaciones, se encontró con múltiples referencias a la
vieja Iglesia de San Mateo y a la pintura milagrosa de Nuestra
Señora del Perpetuo Socorro.
Un día decidió referirles a sus hermanos sacerdotes sus
investigaciones: la iglesia actual de San Alfonso estaba
construida sobre las ruinas de la de San Mateo en la que, durante
siglos, había sido venerada, públicamente, una pintura
milagrosa de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro. Entre los que
escuchaban, se encontraba el Padre Michael Marchi,
el cual se acordaba de haber servido muchas veces en la Misa de
la capilla de los Agustinos de Posterula cuando era niño. Ahí
en la capilla, había visto la pintura milagrosa. Un viejo
hermano lego que había vivido en San Mateo, y a quien había
visitado a menudo, le había contado muchas veces relatos acerca
de los milagros de Nuestra Señora y solía añadir: "Ten
presente, Michael, que Nuestra Señora de San Mateo es la de la
capilla privada. No lo olvides". El Padre Michael les
relató todo lo que había oído de aquel hermano lego.
Por este medio, los Redentoristas supieron de la existencia de la
pintura, no obstante, ignoraban su historia y el deseo expreso de
la Virgen de ser honrada públicamente en la iglesia.
Ese mismo año, a través del sermón inspirado de un jesuita
acerca de la antigua pintura de Nuestra Señora del Perpetuo
Socorro, conocieron los Redentoristas la historia de la pintura y
el deseo de la Virgen de que esta imagen suya fuera venerada
entre la Iglesia de Sta. María la Mayor y la de S. Juan de
Letrán. El piadoso jesuita había lamentado el hecho de que el
cuadro, que había sido tan famoso por milagros y curaciones,
hubiera desaparecido sin revelar ninguna señal sobrenatural
durante los últimos sesenta años. A él le parecía que era debido
a que ya no estaba expuesto públicamente para ser venerado por
los fieles. Les imploró a sus oyentes que, si alguno sabía
dónde se hallaba la pintura, le informaran al dueño lo que
deseaba la Virgen.
Los Padres Redentoristas, hijos de San Alfonso María de Ligorio,
el gran cantor de las Glorias de María, soñaban que el
milagroso cuadro fuera nuevamente expuesto a la veneración
pública y que, de ser posible, sucediera en su propia Iglesia de
San Alfonso. Así que instaron a su Superior General, el padre
Maurón, para que tratara de conseguir el famoso cuadro para su
Iglesia. Después de un tiempo de reflexión, decidió
solicitarle la pintura al Santo Padre, el Papa Pío IX. Le narró
la historia de la milagrosa imagen y sometió su petición de la
concesión del icono del Perpetuo Socorro..
El Santo Padre escuchó con atención. Él amaba dulcemente a la
Santísima Virgen y le alegraba que fuera honrada. Sacó su pluma
y escribió su deseo de que el cuadro milagroso de Nuestra
Señora del Perpetuo Socorro fuera devuelto a la Iglesia entre
Sta. María la Mayor y S. Juan de Letrán. También encargó a
los Redentoristas que hicieran que Nuestra Señora del Perpetuo
Socorro fuera conocida en todas partes: "Dadla a conocer a
todo el mundo". Era el 11 de diciembre de 1865.
Aparece y se venera, por fin, el cuadro de Nuestra Señora
Ninguno de los Agustinos de ese tiempo había conocido la Iglesia
de San Mateo. Una vez que supieron la historia y el deseo del
Santo Padre, gustosos complacieron a Nuestra Señora. Habían
sido sus custodios y ahora se la devolverían al mundo bajo la
tutela de otros custodios. Todo había sido planeado por la
Divina Providencia en una forma verdaderamente extraordinaria.
A petición del Santo Padre, los Redentoristas obsequiaron a los
Agustinos una linda pintura que serviría para reemplazar a la
milagrosa.
El 19 de enero de 1866 la imagen de Nuestra Señora del Perpetuo
Socorro fue llevada en procesión solemne a lo largo de las
vistosas y alegres calles de Roma para ser colocada sobre el
altar, construido especialmente para su veneración en la
Iglesia de San Alfonso, en el mismo emplazamiento donde
había estado tres siglos. La dicha del pueblo romano era
evidente. El entusiasmo de las veinte mil personas que se
agolparon en las calles llenas de flores para la procesión dio
testimonio de la profunda devoción hacia la Madre de Dios
A toda hora del día, se podía ver un número de personas de
toda clase delante de la pintura, implorándole a Nuestra Señora
del Perpetuo Socorro que escuchara sus oraciones y que les
alcanzara misericordia. Se refirieron diariamente muchos milagros
y gracias.
Restaurada, ocupa el centro del ábside de la Iglesia de San
Alfonso y la devoción a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro se
ha difundido por los cinco continentes. Se han construido
iglesias y santuarios en su honor, y se han establecido
archicofradías. Su retrato es conocido y amado en todas partes.
Así se cumple el encargo de Pío IX a los Redentoristas.
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Teniendo esta advocación mariana como patrona de su congregación, los Padres Redentoristas la llevaron a sus misiones en Haití. Allí se le edificó un santuario en Béle-Aire, cerca de Puerto Príncipe, la capital de Haití.
En 1883 una terrible epidemia de viruela azotaba el país. Los devotos acudieron a la Virgen del Perpetuo Socorro y le hicieron una novena. La epidemia cesó milagrosamente y se decidió nombrarla patrona del país.
En 1993 se celebró con gran regocijo el centenario del milagro y del nombramiento de la Virgen como patrona de Haíti. El Papa Juan Pablo II visitó Haití para esta celebración y puso al país bajo el amparo de la Virgen del Perpetuo Socorro.
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Pues
del Perpetuo Socorro
Tierna Madre te aclamamos,
Haz, ¡oh Madre!, que sintamos
Tu perpetua protección.