Eclesiásticos nostálgicos de la transición iniciada en 1962
Eclesiásticos nostálgicos de la transición
de 1975 años añoran aquella época en que algunos políticos
les hacían caso a ellos o a sus antecesores en un Estado
confesional, mientras se desconfesionalizaba. Porque ellos eran
colaboracionistas de esa operación, como lo venian siendo en
los 13 años anteriores a 1975 en la sustitución de un
régimen por otro. No se dan cuenta de que esos tiempos han
pasado y que elogiarlos es ser hoy laudores temporis acti.
Lo que ellos representan es contrario al Estado ateo aunque ellos
no quieran serle contrario y suspiren por un Estado que no actúe
como ateo. Pero eso sólo es posible en un Estado católico y que
actúe como tal, no como en tantas épocas del XVIII, del XIX y
del XX, incluida la de estos eclesiásticos o sus antecesores de
las décadas de los 60 y de los 70 del XX, con una
confesionalidad estatal inconsecuente.
Y no deberían sorprenderse de que, reducida su autoridad divina
a una opinión humana entre otras, ni siquiera sea tenida en
cuenta y ellos sean despreciados. Ya fueron advertidos por el que
les confirió esa autoridad divina de que los cristianos
somos la sal del mundo y que si la sal se vuelve insípida sólo
sirve para ser tirada y pisoteada.
Lo que sí resulta sorprendente, después de tantos años de
verles y oírles abogar por el estado aconfesional, es comprobar
en sus textos auténticos lo que la Iglesia en el Concilio
Vaticano II anuncia y profetiza:
"La Iglesia, juntamente con los profetas y con el mismo
Apóstol, espera el día, que sólo Dios conoce, en que todos
los pueblos invocarán al Señor con voz unánime y le
servirán hombro con hombro" (Nostra
aetate, 4).
Lo que es proclamar con toda seguridad la confesionalidad
de todos los pueblos y que obrarán en consecuencia en
el futuro.
No transmiten lo que realmente proclamó el Concilio Vaticano II
hasta resultar desconocidas por la gente e incluso sorprendentes
y novedosas éstas y otras proclamaciones conciliares.
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Hoy ya no tienen nada que ceder para hacer concesiones. Hoy ellos propugnan como sana laicidad lo que no es sana laicidad, sino separación y no distinción entre la Iglesia y el Estado. Lógicamente el PSOE de Zapatero propugna el laicismo persecutorio, porque no se puede pretender que coincida con los eclesiásticos que propugnan la sana laicidad. A los obispos además sólo les harían caso los gobernantes de un Estado confesional.
Lo que dice el Concilio Vaticano II de la laicidad sólo lo acatará un estado confesional católico. "Con frecuencia se invoca el principio de laicidad, en sí legítimo si se concibe como distinción entre la comunidad política y las religiones" (Gaudium et spes, 36). En lo técnico de cada asunto, los técnicos son los competentes, incluidos los políticos. En lo moral, la autoridad infalible es la de la Iglesia. Las leyes y los políticos deben atenerse a la moral.
El problema es que no se concibe la laicidad "como distinción entre la comunidad política y las religiones" (Gaudium et spes, 36), sino que los eclesiásticos desconfesionalizadores de España en los años 70 conciben la laicidad como separación entre la comunidad política y la autoridad de la iglesia en lo moral, no como distinción, que es lo que enseña el Concilio Vaticano II.
Eso, los eclesiásticos de la falsamente sana laicidad.
Y el Partido Popular, que es conservador y derechista como lo demuestra que se proclama de centro mientras que los izquierdistas no se proclaman centristas, se declara laico y, teniendo como tuvo la mayoría absoluta en el Congreso entre el 2000 y el 2004, no derogó la ley que despenaliza la matanza de niños en el vientre de sus propias madres.
Y como los dos últimos dirigentes del PP, Aznar y Rajoy se declaran admiradores de Azaña uno detrás del otro, al pobre Zapatero, para ubicarse a su izquierda, no le dejan otra opción que declararse rojo y laicista.
Estado confesional católico consecuente
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Los curas jóvenes de 1962 y el envejecimiento y disminución del clero en España desde aquella época
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Casi la mitad de párrocos de la diócesis de Barcelona supera los 65 años en 2009
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El 75% de los frailes y sacerdotes norteamericanos son mayores de 60 años en 2009
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4.04.2007
Un nuevo obstáculo para la paz
es el manifiesto de los eclesiásticos colaboracionistas con el
proceso de rendición llamado "proceso de paz"
Repite lo que dice
la ETA
Convierte la "paz" y la "democracia" en
supersticiones sin darse cuenta de que son las capuchas blancas
de la ETA
El "proceso de paz" multiplica ya los
obstáculos para la paz porque revitaliza a la ETA
y elige el camino equivocado,
porque no lleva a la paz, e indebido, porque
premia a los terroristas. La coincidencia con lo que dice la ETA
no es por casualidad. Y es que muchos de esos eclesiásticos no
saben nada de política, pero algunos otros son de la ETA o recogenueces.
Estos aprovechan esa ignorancia de la mayoría para intentar
salvar de la derrota la maniobra del proceso de rendición
llamado "proceso de paz". Una maniobra promovida por el
nacionalismo terrorista (que tratan de aprovechar los
recogenueces). LEER
MÁS
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La guerra de España fue una Cruzada "por Dios y por España", no sólo para acabar con el terror persecutorio marxista, sino para sanear la sociedad permitiéndola ser cristiana.
La dictadura de Franco se limitó al
anticomunismo y desvirtuó la Cruzada, sustituyéndola
por un poder personal que se acercó a Occidente, que es la
suplantación de la Cristiandad por su versión descristianizada
por el liberalismo.
Pero la dictadura de Franco reducida al anticomunismo
impedía en gran parte que sufriese el terror marxista la
población española, en especial los asalariados. Y sin el
terror podían trabajar y así hicieron el desarrollo. Y sin el
terror el marxismo no pudo hacer nada, porque sin el terror no es
nada el marxismo.
Franco se dejaba llamar por sus aduladores
"Centinela de Occidente". Hizo en 1962 que su gobierno
firmara la solicitud de entrada en la hoy llamada UE, entonces
las Comunidades Europeas, en las que la doctrina Birckelbach
exigía para ser miembro tener un sistema liberal con partidos
políticos. Es la conexión con el europeísmo que marca el
inicio de la transición. El europeísmo ha sido el vehículo de
la transición. La Europa del europeísmo es contraria a la
Europa de la Cristiandad. El núcleo del europeísmo es el
liberalismo enemigo de la Cristiandad, porque propugna la
separación, no la autonomía de la vida política en lo técnico
respecto a la autoridad de la Iglesia, a la que debe estar
vinculada como autoridad infalible en la moral, que es
obligatoria para todos incluidos los políticos. La Cristiandad
es el conjunto de Estados que acataban en la moral la autoridad
de la Iglesia en virtud de su fe en la divinidad de Jesucristo,
lo cual proclama la Iglesia en el Concilio Vaticano II que se
producirá plenamente en el futuro de forma universal: "La
Iglesia, juntamente con los profetas y con el mismo Apóstol,
espera el día, que sólo Dios conoce, en que todos los
pueblos invocarán al Señor con voz unánime y le
servirán hombro con hombro" (Nostra
aetate, 4).
Lo que es proclamar con toda seguridad la confesionalidad
de todos los pueblos y que obrarán en consecuencia en
el futuro.
Intentar desmarcarse de la dictadura de Franco los eclesiásticos en los años 70, rechazando su vinculación a la Cruzada, era lo mismo que hacían los gobiernos de Franco. Pero declararse enemigos de la guerra era oponerse a lo que apartó la hegemonía del terror sobre la población, abrirle de nuevo el camino.