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Jessica Council rechaza el tratamiento contra el cáncer y, después de muerta, da a luz a una niña, tras 23 semanas y media de gestación, que es el umbral de viabilidad
ReL 28 abril 2011 John Jalsevac/Notifam
En agosto del pasado año 2010, Jessica Council
una bellísima joven de 30 años de edad,
madre del hermoso
niño de la foto notó que tenía dolor de garganta. En la
misma época, también comenzó a sospechar que estaba
embarazada.
Como después de dos semanas el dolor de
garganta no se le había ido, Jessica decidió hacerse un
control. Su médico le dijo que probablemente era un bocio de
tiroides, y en última instancia nada de que preocuparse. Pero
sólo para estar seguro, le hizo una prueba, que él dijo que
confirmaba sus sospechas iniciales. Todo estaría bien, dijo.
Pero no todo estaba bien. El doctor había leído mal la prueba.
Alrededor del 15 de noviembre de 2010, Jessica comenzó a tener
problemas para respirar. El 21 de noviembre llegó a la sala de
emergencias. Luego, el 22 de noviembre, su garganta se había
cerrado al punto que no podía respirar, razón por la cual los
médicos le insertaron un tubo, y le pusieron un respirador.
Al día siguiente, el 23 de noviembre, le informaron a
Jessica que tenía cáncer. Para entonces, ella también
sabía con certeza que estaba embarazada.
Así comenzó un viaje que pondría a prueba en forma definitiva
la fe y las convicciones pro-vida de Jessica y de su esposo,
Clint.
Cada día valió la pena
Jessica y Clint se conocieron en Greenville
College School. En una larga entrevista con LifeSiteNews.com,
Clint dijo que había observado a la guapísima pelirroja sentada
un día en el comedor universitario, y le preguntó si podía
acompañarla. Ella se negó. Pero Clint no se dio por vencido.
De hecho, Clint se pasó año y medio dando la lata a Jessica
antes de que ella accediera a salir con él. La pareja se casó
dos años y medio después de eso. Supongo cuando usted
sabe que sabe, dijo. Tuve que trabajar muy duro por
ella, pero cada día valió la pena.
La pareja se mudó a Travelers Rest, Carolina del
Sur, donde tuvieron un hijo y trabajaron en una obra de
caridad cristiana como mentores de los jóvenes. La vida era
buena: ellos eran jóvenes, estaban enamorados, tenían salud y
disfrutaban la vida.
Clint señala que su esposa siempre se cuidó meticulosamente.
Ella siempre ha sido extremadamente saludable, dijo.
Observaba que ella comía con mucho cuidado. Trató de
honrar a Dios con su cuerpo. Lo ejercitó regularmente.
Por esta razón, la última cosa que ellos esperaban era el
cáncer que la atacó en agosto pasado.
Esa nunca fue una opción
Clint describe la reacción de su esposa al
saber que tenía cáncer en la garganta como una mezcla de
miedo y sorpresa. En cuanto a él, dice que sintió todas
las emociones que se pueda imaginar
a excepción de
alegría. Yo era un caso perdido.
Pero por supuesto, Jessica no era la única amenazada por el
cáncer: estaba embarazada y cualquier tratamiento al que se
sometiera perjudicaría casi con toda seguridad a su hijo por
nacer, y posiblemente lo mataría.
El 25 de noviembre, el ginecólogo-obstetra del hospital le
aconsejó a la pareja un aborto. Clint dice Jessica nunca
vaciló. Esa nunca fue una opción, dijo.
Eso es blanco y negro.
Pero lo que fue menos blanco y negro era si aceptaba o no
tratamientos: mientras que el oncólogo dijo que la
quimioterapia probablemente mataría al bebé, el
ginecólogo no estaba de acuerdo, pues decía que el bebé
probablemente sobreviviría, pero sufriendo daño
cerebral.
Jessica me miró, y le tomó unos pocos segundos,
dijo Clint, y dijo no con la cabeza. Ella también
se negó a la radioterapia a causa de sus riesgos
similares.
En realidad no teníamos muchas opciones de tratamiento
después de eso, dijo Clint, señalando que la
cirugía era imposible debido al lugar donde estaba
localizado el cáncer.
Dar a este bebé todas las oportunidades que pudiera
La cuestión del tratamiento surgió de nuevo
cuando el bebé llegó al tercer trimestre. En ese momento, dice
Clint, la decisión fue mucho más difícil, con los médicos
diciendo que los riesgos eran mínimos porque el bebé estaba
casi completamente desarrollado.
Sin embargo, Jessica siguió negándose a los tratamientos, para
el bien de su hijo no nacido una decisión que Clint dice
que dejó a los médicos muy confundidos.
Clint confiesa que ni él ni su esposa sintieron que los médicos
fueran totalmente sinceros respecto a los riesgos. Pero también
dice que su esposa tenía otra razón para rechazar los
tratamientos.
Dice que ella sabía que iba a morir de todas formas.
Ella no compartió eso conmigo hasta casi cuando murió
Pero pienso que ella sabía, y ella estuvo pensando que iba a dar
a este bebé todas las oportunidades que pudiera.
Aunque la pareja encontró un cierto éxito con los métodos alternativos para frenar el crecimiento del cáncer, incluyendo una estricta dieta de jugos de vegetales orgánicos y suplementos, sin tratamientos más agresivos sólo fue una cuestión de tiempo antes que el cáncer ganara la partida.
Un milagro de 23 semanas y media el 6 de febrero de 2011
En la noche del 5 de febrero de 2011, Jessica
se fue a dormir con dolor de cabeza y náuseas. Ella no se
despertó, dice Clint.
Al día siguiente el hospital declaró la muerte cerebral de
Jessica, y los médicos entregaron a Clint el visto bueno para
efectuar el parto por cesárea. El 6 de febrero de 2011,
nació la pequeña Jessi, pesando solamente 1
libra 3 oz (538 gramos).
Los médicos habían pensado que Jessica estaba embarazada de 25
semanas, pero después de que nació la bebé se dieron cuenta
que probablemente tenía sólo alrededor de 23 semanas y
media, que es el umbral absoluto de viabilidad.
Sobre eso sólo puedo dar testimonio de la gracia de Dios,
debido a que Jessica murió justo cuando el bebé era
viable para la vida fuera del útero, dice Clint.
Los médicos dicen que Jessi se está desarrollando bien.
Emocionalmente brutal
Clint describe toda la experiencia como emocionalmente
brutal, y admite que a pesar de sus firmes convicciones
cristianas y pro-vida, lo que estuvo muy lejos de ser fácil fue
recorrer el camino que él y su esposa emprendieron.
Sí, yo luché, dice, porque en la Biblia está
la única persona que nos mandó amar más que a nosotros mismo.
Esto lo hizo ella. Yo luché.
A veces es más fácil ser generoso en cualquier cosa que
te pasa, señala, pero cuando se llega a perder a la
persona que amas más que cualquier otra cosa, es muy difícil.
También fue difícil para su hijo de dos años y medio
de edad. Clint relata que después que Jessica ingresó al
hospital, su hijo no pudo verla durante aproximadamente un mes, y
durante ese tiempo ni siquiera miró o habló con su padre. Pero
después que visitó a su madre, comenzó a estar mejor,
dice Clint.
Después que Jessica murió, el niño sufrió un período de
aguda ansiedad por la separación, aunque su padre
dice que ha comenzado a superarlo.
En cuanto a Clint mismo, apenas dos meses después de la muerte
de su esposa, él dice que está funcionando en piloto
automático, manteniéndose ocupado con el trabajo y cuidando de
sus dos hijos.
En este punto él hace una pausa. Voy a ser muy franco,
dice, señalando que él quiere hacer lo que pueda para ayudar a
otros que puedan estar en una situación similar. Durante
el primer mes, no podía y estoy queriendo significar
literalmente con esto una incapacidad -. Yo no podía leer mi
Biblia, no podía rezar.
Él describe la sensación como similar a la de un niño que es
disciplinado por un padre: A pesar que yo sabía
intelectualmente que la relación estaba allí, aunque yo sabía
que [Dios] me amaba, acepté todas estas cosas desde un punto de
vista mental. Espiritualmente no sentía nada.
Y no se trata de los sentimientos, sino que la alegría en
Dios había desaparecido por completo durante casi un mes. Yo
estuve funcionando únicamente en lo que yo sabía que era verdad
desde el punto de vista mental.
Ahora, sin embargo, él dice que ha ido más allá de esa primera
etapa, y que ha comenzado a rezar de nuevo, inclusive por otras
personas.
No obstante ello, dice que probablemente llegará un momento en
el que tendrá que dejar todo, y precisamente hacer duelo por la
pérdida de su esposa.
Alabado sea Dios
Pese a que el cansancio y el sufrimiento es
palpable en la voz de Clint, al hablar con él se detecta algo
más también: una resignación profunda no nacida de la
desesperación, sino de una fe auténtica y arraigada que acepta
que este sufrimiento fue en última instancia significativo, y
que hay tragedias peores inclusive que la muerte.
En una nota escrita menos de dos semanas después de la muerte de
Jessica, y enviada a un blog sobre la lucha de ella con el
cáncer, Clint escribió las últimas palabras que muchos
esperarían escuchar de un hombre que acaba de perder a una
esposa joven a quien amaba entrañablemente.
Alabado sea Dios, mis amigos, dijo él. No
dudes de Dios, no estés enojado con Él por mi causa.
Tengo el privilegio de haber tenido una esposa que estaba
llena del amor del Padre. Alégrense conmigo, hermanos y
hermanas. Dios ha bendecido a Jessica al llevarla a un lugar de
perfecta paz y sin dolor. Tengo que estar agradecido por el
tiempo que tuve con ella, en lugar de lamentar todas las cosas
que nunca llegamos a hacer juntos. Debemos dar gracias en todas
las cosas, porque ésta es la voluntad de Dios en Jesucristo.
Gracia y Paz a todos.