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Beatificado el padre Bernardo de Hoyos en 2010
E.R./ReL, domingo, 18 de abril de 2010
En presencia del arzobispo de Valladolid y del presidente de la Conferencia Episcopal Española, el prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos ha reiterado también el valor actual de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, huyendo, como el nuevo beato, del «sentimentalismo superficial», pero recordando la promesa: «Reinaré en España».
«Sacerdotes santos»: es lo que lleva pidiendo
Benedicto XVI en público y en privado, a los cardenales y
obispos y, por supuesto, a los interesados, durante el Año Santo
Sacerdotal. Y es lo que pidió también este domingo el cardenal
Angelo Amato, con el testimonio del padre Bernardo Hoyos
(1711-1735), primer español beatificado en suelo patrio, como
referencia.
Veinte mil personas abarrotaron las calles de Valladolid, en
particular la Plaza de Colón y la Acera de Recoletos. Habían
llegado autobuses de toda España, llenos de devotos al Sagrado
Corazón de Jesús y en particular a la promesa que Jesucristo
hizo al nuevo beato: «Reinaré en España, y con más
veneración que en otras partes.»
A la ceremonia, presidida por el prefecto de la Congregación
para las Causas de los Santos en nombre del Papa, asistieron el
nuevo arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez, y el presidente
de la Conferencia Episcopal Española, Antonio María Rouco.
Durante la homilía, el cardenal Amato insistió en la
importancia de la devoción al Sagrado Corazón en una
sociedad «que se desentiende de Dios, y donde Dios es
marginado», porque es «un instrumento de santificación y
de eficaz apostolado». Su gran propagador, el padre Hoyos, no
caía en un «sentimentalismo superficial» cuando hablaba de
ella, y fue más bien modelo de la transformación que puede
operar en el alma de quien la practica: «Una auténtica vivencia
de caridad» y de «aceptación interior del sacrificio», al
tener en cuenta que ese Sagrado Corazón está herido «por los
pecados de los hombres».
El legado papal destacó la importancia de esta beatificación en
el contexto del Año Sacerdotal, pues la inmensa bondad del padre
Hoyos es «testimonio de la presencia en la Iglesia de
sacerdotes santos», y un estímulo para ellos «para vivir con
alegría la sublime misión del anuncio del Evangelio», con la
convicción de que «es posible superar la fragilidad humana y
vivir en la gracia sólo si permanecemos estrechamente unidos al
Corazón de Cristo y a su perdón y misericordia».
Un mensaje muy similar al que en esos momentos lanzaba Benedicto
XVI en Malta, durante su primera homilía en la isla.
En 1733 mientras oraba, el padre Bernardo Hoyos escuchó de Jesús que le mostraba el misterio de su Corazón:
«Reinaré en España y con más veneración que en otras muchas partes».
Por ello escribió el libro «El tesoro escondido». El primero en ser publicado en España dedicado a esta devoción.
Murió en 1735. Su fiesta se ha establecido el 29 de noviembre.