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La Polícía secreta comunista espiaba al futuro Juan Pablo II desde que era seminarista y buscaba materiales para chantajearle
Nicolás de Cárdenas/ReL 24 abril 2010
El Instituto Nacional de la Memoria de Polonia ha publicado un libro en el que recopila los documentos que detallan cómo la Polícía secreta comunista mantenía bajo vigilancia al futuro Juan Pablo II, y cómo buscaba materiales que permitieran chantajearle. Tenían razón en vigilarle, pues fue clave en la caída del bloque comunista en 1989.
«Como sacerdote, profesor y pastor, y después
como Obispo y metropolitano de Cracovia, Karol Wojtyla fue visto
por el Gobierno como un peligroso enemigo ideológico», asegura
el editor del libro, Marek Lasota en la introducción de «Hacia
la Verdad y la Libertad: La Policía Secreta Comunista y Karol
Wojtyla». «Esto se comprueba por el uso de una gama completa de
métodos operativos y técnicos contra él, desde pincharle el
teléfono y espiarle la correspondencia, hasta la observación
directa a través de un ared de agentes destinada a labores de
cotrainformación», continñua Lasota.
Las 687 páginas del volúmen se inauguran con un documento
policial de mayo de 1946, cuando el futuro pontífice era aún
seminarista, y en el que se investigan posibles conexiones con
con un grupo patriótico de estudiantes en Cracovia.
El último de los documentos recogidos en el libro es un
criptograma destinado al Ministerio del Interior en Varsovia,
fechado el 24 de mayo de 1978, en el que se cita una petición
del entonces cardenal Wojtyla en la que pedía permiso para
realizar una procesión con motivo de la festividad del Corpus
Christi desde la catedral de Wawel y se exponen las razones de su
rechazo oficial. La colección de documentos muestra cómo
la vigilancia y el acoso se incrementó notablemente después de
que el padre Wojtyla fuera nombrado obispo en 1958, circunstancia
que aumentó las peticiones de la Policía comunista secreta de
más información y, sobre todo, más precisa, sobre su vida y el
trabajo que desempeñaba, según recoge la Catholic News Agency.
Entre las docenas de cuestiones que eran trasladadas a los
informantes, la Policía secreta preguntaba por las ropas del
obispo, cómo se afeitaba, así como sobre la radio que
escuchaba, su máquina de escribir y quién le ayudaba a mantener
estos aparatos.
Se cree que alrededor del 10 por ciento del clero católico
entonces habría ejercido labores de información en la Polonia
comunista, aunque los ratios más altos de reclutamiento se
dieron en algunas diócesis en los años 80.
En abril de 2005, poco después de la muerte del Papa, la misma
institución que ha elaborado este libro acusó al padre dominico
polaco Konrad Hejmo de haber espiado al Pontífice durante dos
décadas en Roma.