El problema abertzale de Navarra y de España
Tenemos un problema.
Y es que hay gente que vota a los que hacen concesiones a las exigencias de los abertzales y de la ETA. Que son las mismas.
Y que hay gente que vota al PSOE de Zp dispuesto a acceder a esas exigencias, que coinciden con las condiciones impuestas por la ETA para que haya negociaciones para "la paz". La coincidencia obviamente no es por casualidad.
La causa del problema es la desconexión de la vida con la fe católica, que es la raíz de España, por lo que para oponerse al socialismo y al abertzalismo muchos no tienen más agarradero que su buena voluntad, que es muy apreciable y respetable, pero carece de más medios que su autoafirmación.
Algunos de ellos proclaman su amor a España y su respeto a la Iglesia desde el liberalismo basado en el agnosticismo; y esto es como agarrarse a la brocha.
Y a otros se les predica desde el catolicismo la sana laicidad como base de una moral consensuada, que es precisamente la base del liberalismo: la proclamación de la libertad absoluta. Porque los liberales sí que dicen tener normas morales. Pero son las que cada uno proclama. No aceptan la autoridad de la Iglesia en lo moral. Y también renuncian esa autoridad esos eclesiásticos que predican la sana laicidad y la moral consensuada sobre la base de la sana laicidad. Por ejemplo, los liberales que se enfrentan a los socialistas y que por ello resultan ultraderechistas, propugnan una ley del aborto consensuada y no ampliada por los socialistas. Una ley de divorcio consensuada. Una ley de eutanasia consensuada, y la de manipulaciones abortistas de embriones, y la que legalice la equiparación del matrimonio con las uniones que no lo son, tanto si son heterosexuales como homosexuales. Siempre leyes consensuadas sobre la base de la laicidad, sana eso sí.
Pero que propugna un estado aconfesional, como los anteriores cimentado en la separación entre la Iglesia y el Estado.
Se les predica un catolicismo inconsecuente. Un
catolicismo que no es el del Concilio (Nostra Aetate, 4). No se
les transmite lo que realmente proclamó el Concilio Vaticano II
hasta resultar desconocidas por la gente e incluso sorprendentes
y novedosas proclamaciones conciliares como:
"La Iglesia, juntamente con los profetas y con el mismo
Apóstol, espera el día, que sólo Dios conoce, en que todos
los pueblos invocarán al Señor con voz unánime y le
servirán hombro con hombro" (Nostra
aetate, 4).
Lo que es proclamar con toda seguridad la confesionalidad
de todos los pueblos y que obrarán en consecuencia en
el futuro.
Se omite presentar a creyentes y no creyentes que la Iglesia tiene los medios para sanear a los individuos y a la sociedad.
Se les pone como modelo la transición de hace ya más de 30 años. En la que se desconfesionalizó el Estado, pero a los eclesiásticos se les hacía caso. Se añora aquello que ya pasó, ahora que se les desprecia.
Dijo Torras y Bages: "Cataluña será cristiana o no será".
Y se puede decir lo mismo de Navarra y de España toda.
Y ahora, cuando ya se dice que España está dejando de existir o que ya no existe desde el Estatut del 2006, que van a escindir las Vascongadas y que Navarra va a ser entregada, es hora de recordar que una parte de los que defienden a Navarra, a Vascongadas, a Cataluña y a España lo hacen, por desgracia, agarrados a la brocha de su agnosticismo, que ellos lamentan, porque saben cuál es la raíz de España. Y a la otra parte, la de los que aún son católicos se les oculta y prohíbe la tesis católica proclamada en el Concilio (Nostra Aetate, 4), se les inculca la hipótesis de la sana laicidad como falso dogma.
En este falso dogma cabe hasta hablar del Sagrado Corazón de Jesús, siempre y cuando no se hable de su reinado.
Ya sabemos que hoy en día muchos no son creyentes, y que aumentan por esa inconsecuencia, pero es que se omite por parte de los creyentes anunciar que la Iglesia tiene el remedio y que todas las naciones lo aceptarán voluntariamente, como proclama el Concilio (Nostra Aetate, 4).
Mientras tanto cada vez más gente les vota a ellos.
El liberalismo descristianiza progresivamente
desde el inicio del XIX y la parte de la población
descristianizada va apoyando cada vez en mayor proporción el
izquierdismo y la desmembración de España.
Este proceso de descristianización se acelera desde la
desconfesionalización del Estado insertada en la Constitución
de 1978 máxima expresión de la transición, y el aumento
acelerado de la parte de la población descristianizada se
traduce en el aumento de votos que obtienen hoy los socialistas
de ZP y los nacionalistas antiespañoles.
¿Seguirán nuestros políticos derechistas y nuestros eclesiásticos propugnando la separación entre la Iglesia y el Estado, la sana laicidad, el laicismo moderado?
¿Ocultando lo que el Concilio quiere que esperemos firmemente? ¿Convirtiendo la hipótesis en tesis?¿Y al mismo tiempo quejándose de los malos resultados?
Pretenden que exista una sana laicidad, obsequiosa, pero no el laicismo perseguidor. Esto es una utopía, que viene de no-lugar, y significa que en ninguna parte un Estado no confesional, de laicidad constitutiva, separado de la Iglesia, ha dejado de incurrir también en el laicismo. Como escribió Petit, no hay ningún Estado con laicidad sin laicismo.
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