Carlos III el Noble
Rey de Navarra (1387-1425).
Renuncia a la política de tenaz defensa de los feudos de su
familia en Francia que había desarrollado su antecesor, Carlos II el
Malo (1349-1387), llamado así
por cronistas franceses debido a los problemas que creó en
Francia en defensa de sus derechos y no porque fuese malo para
Navarra.
Pero fue mejor Carlos III el Noble, cuyo sobrenombre significa,
en el habla navarra, "el bueno".
Se contenta con feudos mucho menores y más alejados que los que
le correspondían,
pero consigue la paz.
Esto abre una época favorable para Navarra, pese a las pestes y
la merma demográfica que producen hasta principios del XV.
Sólo con lo que se ahorra de gastos de las guerras evitadas en
Francia, Carlos III tiene una gran cantidad de dinero que
invierte en magníficas obras de arte, como los
palaciegos castillos reales de Olite (1399) y Tudela (1388)
y la catedral de Pamplona (iniciada en 1394 y financiada por los
propios eclesiásticos).
Destaca por su excepcional valor artístico el cáliz de esmaltes
que donó a Santa María de Ujué en 1394.
Fortalece las instituciones municipales de
Tudela y, sobre todo de Pamplona, en la que, al promulgar el Privilegio
de la Unión en 1423, unifica los tres municipios que la
dividían desde siglos, tan conflictivamente en el pasado, el
Burgo de San Cernin, La Población de San Nicolás y La Ciudad de
la Navarrería. Es el verdadero fundador del municipio de
Pamplona; no porque no existiese municipio en Pamplona con
anterioridad, sino porque existían demasiados.
Creó la merindad de Olite añadiéndola a las otras cuatro ya
existentes como subdivisiones administrativas del reino de
Navarra.
También potenció a la nobleza configurándola a base de
títulos nobiliarios y, en 1423, creó el principado de Viana
para el heredero de la Corona de Navarra.
La sucesión
Un lunar de su trayectoria es la escasa solidez de la
sucesión que dejó, cuando la obligación de un rey es tener el
suficiente número de hijos en legítimo matrimonio, como para
superar la mortalidad, y dejar así la sucesión bien asegurada;
porque la monarquía es un sistema para transmitir la sucesión
en la jefatura del estado por vía hereditaria, automáticamente
.
Pero este rey tuvo desavenencias conyugales con su esposa Leonor
de Trastámara, que permaneció largas temporadas fuera del reino
de Navarra, quizá también debido a problemas psíquicos de
ella. Carlos III y la reina Leonor son los que aparecen
retratados en la magnífica escultura yacente de la Catedral de
Pamplona.
Carlos III, como su padre y sus hermanos, tuvo una serie de hijos
extramatrimoniales a todos los cuales dotó sobradamente de
títulos, colocándolos como primeras figuras de esa alta nobleza
ahora estructurada y cuyos sucesores protagonizan los conflictos
de
la gran crisis de Navarra desde 1451 hasta 1512:
la guerra civil entre agramonteses y beamonteses a la que se
superponen los enfrentamientos dinásticos y los internacionales
de España con Francia.
Como sucesora dejó a una hija, Blanca de Navarra
(1425-1441), casada con Juan de Aragón
(1425-1479), un segundón ambicioso, el cual, no
contento con ejercer como rey en Navarra mientras reinó su
esposa, a la muerte de ésta, usurpó el reino a su propio hijo
el príncipe de Viana (1441-1461) y fue el causante del inicio de
esa crisis.
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Navarra no sigue unida a Aragón al morir en
1479 Juan II de Aragón, que,
desde la muerte en 1441 de su primera esposa la reina Blanca de
Navarra, hija y sucesora de Carlos
III el Noble,
venía usurpando el trono de Navarra a sus hijos
el Príncipe de Viana (Carlos), hasta que muere
en 1461,
Blanca (ex esposa de Enrique IV de Castilla), hasta que muere en
1464,
y Leonor, casada con Gastón de Foix;
porque, mientras en Aragón, reina Fernando el Católico
(1479-1516), hijo del segundo matrimonio de Juan II de Aragón
con Juana Enríquez,
en Navarra, en 1479, asciende al trono Leonor,
que muere el mismo año, y entonces asciende al trono de Navarra
su nieto
Francisco Febo de Foix (1479-1483) y después
reinará en Navarra, desde 1483, la hermana de éste
Catalina de Foix, casada con Juan de
Albret o Labrit. Estos son excomulgados por el
Papa en 1512 y por ello destronados
por Fernando el Católico, el cual mantiene a Navarra como reino,
ocupa su trono el mismo año 1512 ,
con la aquiescencia de las Cortes de Navarra,
y en 1515, en las Cortes de Burgos, declara al
reino de Navarra unido a los reinos de Castilla, manteniendo
Navarra su categoría de reino, sus fueros y sus Cortes,
como lo mantendrá hasta el segundo tercio del XIX.
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Francia siguió intentando anexionar Navarra
utilizando a los agramonteses y a Enrique II de Albret,
hijo de los reyes destronados por haber sido excomulgados en
1512, y la invadió en 1521, pero al conquistar momentáneamente
Pamplona, no sólo no proclama rey de Navarra a Enrique II, sino
que ni siquiera le permite la entrada en Navarra. La
invasión francesa será finalmente derrotada en la batalla de
Noáin en 1521 mismo.
En 1527, España evacúa la Baja Navarra, porque
era difícil de defender al estar al otro lado de la barrera
pirenaica.
Esto les vale a los Albret y a sus descendientes para seguir
detentando el título de reyes de Navarra.
Esta descendencia desemboca en el que llega a ser rey de Francia
como Enrique IV. Él y sus sucesores, los Borbones del barroco,
se hacen llamar reyes de Francia y de Navarra, que parecía más
glorioso.