...CRISTIANDAD FUTURA.

La Misa de Bolsena de Rafael Sanzio 1512


Messa di Bolsena1512 http://es.wikipedia.org/wiki/La_misa_de_Bolsena

La misa de Bolsena (Messa di Bolsena) es un fresco de Rafael Sanzio. Tiene una anchura en la base de 660 cm. Es uno de los frescos de la Sala de Heliodoro (Stanza di Eliodoro), una de las habitaciones que hoy en día son conocidas como las estancias de Rafael, ubicadas en el Vaticano y que forman parte de los Museos Vaticanos.

Fue ejecutado en el año 1512, precisamente en los años en que Martín Lutero estuvo en Roma. Este fresco queda a la parte izquierda, sobre una ventana. Se considera que esta Misa de Bolsena es la obra maestra de Rafael como pintor de frescos.

Narra un milagro acontecido en el año 1263. Un sacerdote checo duda de la realidad de la Transubstanciación en la Eucaristía. Estando de viaje por Italia, se detiene en Bolsena a celebrar una misa, en la que se produce el milagro: de la hostia mana sangre durante la consagración. Al año siguiente, en 1264, el papa Urbano IV instituyó la Fiesta del Corpus Christi para celebrar este acontecimiento milagroso. Con esta escena pretende representarse la protección de Dios a la Iglesia amenazada en su fe.

En el cuadro se ve, en la parte izquierda, al sacerdote diciendo misa con la hostia en alto mientras que, frente a él, está representado el Papa Julio II arrodillado, frente al altar, reza apoyándose en un facistol plegable. Viste atuendo guerrero. El retrato con la barba demuestra los estragos que en él han causado los esfuerzos bélicos y la enfermedad.

Detrás y por debajo del papa están los suizos de su escolta, vistosamente vestidos. Los suizos rebosan vida y personalidad.

Cuando Julio II marchó a Bolonia para comenzar su campaña en el Adriático, pasó por Orvieto, donde pudo ver la reliquia que se guardaba en la catedral: los corporales de Bolsena, manchados con la sangre milagrosa.

La escena está claramente dividida en dos partes: a la izquierda el hecho, a la derecha el papa que reza junto a su corte. Es un milagro que se repite delante del papa testigo.

La repetición ritual del hecho se coloca en el presente.

El color como la iluminación es un factor escénico esencial. Según Brizio este colorido tan vivo fue tomado de Piero della Francesca, cuyos frescos fueron destruidos por Rafael para sus "estancias".

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Pero según Elizabeth Lev el vital colorido proviene de la escuela veneciana. "Rafael había estado en contacto con los pintores venecianos en ese periodo y el nuevo uso del color destaca. Los colores de Rafael parecen tangibles -rico y pesado carmesí que parece ondular a través de la luneta. El rojo de la sangre se combina con el blanco crujiente del lino o la seda"

Iglesia de la Eucaristía

Poesía, pintura y procesiones

Elizabeth Lev. ROMA, domingo 26 de junio de 2011 (ZENIT.org).-

Elizabeth Lev enseña Arte y arquitectura cristianos en el campus italiano de la Universidad de Duquesne y en el programa de estudios católicos de la Universidad de St. Thomas. Se le puede contactar en: lizlev@zenit.org

[Traducción del inglés por Carmen Álvarez]

El pasado jueves [23.06.2011] Roma celebró la fiesta del Corpus Christi con las procesiones eucarísticas que atraviesan la ciudad, siendo la más importante de ellas la procesión papal que va desde San Juan de Letrán hasta Santa María la Mayor, esa tarde. En este glorioso día, los cantos llenan el aire y flotan estandartes en las calles, pero estas visiones efímeras pronto se desvanecen. En los Museos Vaticanos, sin embargo, la obra recientemente restaurada “Misa de Bolsena”, de Rafael Sanzio (Véase tecleando aquí), ha inmortalizado este milagro en piedras de colores.

El Milagro de Bolsena, a menudo considerado el catalizador de la fiesta del Corpus Christi, recuerda un suceso ocurrido en la Umbría, Italia, en 1263. Un sacerdote llamado Pedro, de la ciudad de Praga, tenía muchas dudas sobre la transustanciación de la Hostia durante la Misa, y durante su peregrinación a Roma rezó para que se le resolviesen estas dudas. Mientras decía las palabras de consagración en la Iglesia de Santa Cristina de Bolsena, la Hostia comenzó a gotear sangre en sus manos y en la tela que tenía debajo.

Un año más tarde, el Papa Urbano IV instituyó la fiesta del Corpus Domini con la bula Transiturus de hoc mundo, y encargó a Tomás de Aquino escribir la liturgia de la fiesta. El Doctor Angélico escribió, así, dos de sus mejores himnos, Pange Lingua y Tantum Ergo.

El corporal de Bolsena se conserva todavía en la catedral de Orvieto, construida específicamente para albergar esta preciosa reliquia.

Rafael hizo su propia contribución inmortalizando este milagro cuando pintó en 1512, El Milagro de Bolsena en los apartamentos del Papa Julio II. La pintura, restaurada esta primavera trae el milagro de la vida en colores vívidos.

El sacerdote se arrodilla ante el altar, mirando la Eucaristía, que tiene una cruz hecha con sangre en la Hostia y en el corporal. Sus labios demuestran sorpresa pero la figura mantiene la dignidad que se espera de un celebrante. Las reacciones dramáticas se reservan para la multitud reunida detrás, quienes levantan la cabeza para contemplar el milagro, o se giran para contárselo a quien tiene al lado. El altar está enmarcado por arquitectura monumental absorbida por Rafael a través de su pariente, el arquitecto papal, Donato Bramante. Robustas columnas dóricas alcanzan el cielo y la parte superior dela pintura está abierta a un cielo atravesado por la luz.

Al otro lado de Pedro de Praga hay un dato anacrónico, el Papa Julio II se arrodilla con la cabeza descubierta, y cuatro de sus cardenales y un pequeño contingente de Guardia Suiza.

Dos elementos se destacan en el trabajo. El primero es la solemnidad del clero en la oración. Comparada con otros trabajos de la sala – la fuga dramática de Pedro de la prisión de Herodes, la persecución y captura de Heliodoro y la Expulsión de Atila el huno – el ojo encuentra descanso cuando centra su atención en la contemplación del milagro.

El otro, revelado con la restauración, es el color. Rafael había estado en contacto con los pintores venecianos en ese periodo y el nuevo uso del color destaca en medio del dramático claroscuro de la Liberación de San Pedro y el brillantes colores metálicos de la Expulsión de Heliodoro. Los colores de Rafael parecen tangibles -rico y pesado carmesí que parece ondular a través de la luneta. El rojo de la sangre se combina con el blanco crujiente del lino o la seda.

Las cualidades sensoriales de la superficie de la obra ponen de relieve la realidad de la escena: la sangre que gotea de las manos del sacerdote, el paño empapado con la sangre de Cristo, nos hacen presente la realidad de la Presencia en la Eucaristía, uno de los principales temas de los siglos XIII y XIV.

Santo Tomás con la poesía, Roma en procesión, y Rafael con su obra, todos nos recuerdan el mismo tema que el Beato Juan Pablo II destacó en 2004: La Iglesia Católica es la Iglesia de la Eucaristía.

 

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