El hombre habitó Altamira hace 22.000 años, 4.000 antes de lo que se pensaba
Caverna de Cantabria, cercana a Santillana, que contiene las pinturas rupestres de Arte Paleolítico más importantes (junto con las de Lascaux) por su extraordinaria calidad artística, que le da un valor añadido a la importancia arqueológica de su antigüedad de 14.000 a 22.000 años, que las sitúa entre el período final del Paleolítico Superior, el Magdaleniense y el Gravetiense, todavía en la última glaciación. Esa calidad artistica permite ver en ellas el paradigma de las características del Arte Paleolítico, el antes llamado rupestre francocantábrico:
Estas pinturas son diferentes de las de Arte rupestre Levantino o Mesolítico, que son:
pequeñas
de un sólo color, el negro
en ellas hay ya escenas en las que entran figuras humanas y animales
y son de otra época, el Mesolítico, varios miles de años posterior.
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A la derecha una
pintura de Altamira en calco |
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Fueron descubiertas por Marcelino Sanz de Sautuola que solía realizar exploraciones arqueológicas a finales del XIX. Ya conocía la cueva y, un día la visitaba con su hija, niña de corta edad, cuando ésta, que debido a su pequeña estatura podía mirar cómodamente al techo de la cueva, exclamó:
-Toros, toros.
Don Marcelino descubrió asombrado los bisontes y empezó lo que se convirtió en ardua tarea de convencer a los arqueólogos de que eran pinturas prehistóricas. Hasta que no se descubrieron las de Lascaux en Francia no se admitió esto en el mundillo científico.
Esta niña se casó con el presidente del Banco de Santander, de modo que los actuales Botines son descendientes directos de ella. En su finca de Santander tienen una figura escultórica que representa a su ilustre y afortunada antepasada.