CRISTIANDAD FUTURA

La adoración explicada por Luis de Trelles

"Es el acto de adoración una muestra externa de reconocimiento del hombre y una evolución interna del alma hacia su Creador. Bajo el primer concepto no tiene igual ni puede tener superior, porque el rendimiento debe ser absoluto y sin reserva, ofreciendo el que adora a Dios todo lo que es, como a quien todo lo ha dado, y al doblar la rodilla e inclinar la cabeza, proclamamos el encendido afecto que nos anima. Además, como acto humano de un ser personalmente indivisible, aunque reúne en sí dos naturalezas, espiritual la una y corporal la otra, ostenta una total sumisión y rendimiento, que trasciende del cuerpo al espíritu, y que hace subordinar todo el ser al Supremo Señor de todas las cosas. Por esto no puede adorar bien, sin amar mucho, ni tampoco se concibe el amor puro y acendrado sin que se convierta en adoración. […]

El sacrificio de la adoración oculta un misterio sobrenatural que se consuma en la más elevada región del alma humana en intimidad con su Dios, y que en su línea equivale a la inmolación perfecta de la criatura a su hacedor, quien se complace en conversar de un modo inefable con los hijos de los hombres en la vía unitiva, en términos que no hay lengua humana que pueda expresarlo. Puede, sí, presentirlo el corazón por esa especie de abismo infinito de amor que se halla oculto en lo más profundo de nuestro ser, depositado allí por la mano de Dios, para desarrollarse en la contemplación de una manera más o menos perfecta, y luego perfectamente al resplandor del lumen gloriae en la vida beatífica"

L.S. Tomo 9 (1878) Pág. 126

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"La adoración es la síntesis de la humildad y el reconocimiento, de la justicia y del amor que debemos a Dios; y por lo tanto, el único homenaje adecuado, en cuanto puede serlo, a la suprema majestad, y a nuestra infinita pequeñez.

Todos estos puntos de vista tiene la adoración perfecta que el señor reclama de su criatura racional, con perfecta razón para ello. Así comprendida, y asimilada a la oración, la adoración recuerda aquella sentencia de los libros santos que dice que la oblación del justo empapa el altar, y es olor de suavidad en la presencia del altísimo (Eclesiástico, 35, 8).

Nos proponemos que estas reflexiones sean más consideradas y mejor comprendidas.
"

L.S. cap. 9 (1878) p.81-86