Textos de Francisco Canals Vidal
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6 1 UNIDAD SEGÚN SÍNTESIS
I. Introducción
"Estudiando atentamente los nuevos problemas e investigaciones del progreso contemporáneo, se ve más claramente cómo la fe y la razón tienden, armónicamente, hacia la misma verdad, siguiendo, en esto, las enseñanzas de los Doctores de la Iglesia y, de modo especial, de Santo Tomás de Aquino" (Concilio Vaticano II, Gravissimum educationis munus, nº 10).
La capacidad "sintética" del pensamiento del Doctor Angélico es generalmente reconocida y se ha expresado incluso en títulos como La synthèse thomiste del gran teólogo Garrigou-Lagrange y, más recientemente, en la Synthèse dogmatique, del teólogo dominico Jean-Hervé Nicolas.
Que en la síntesis doctrinal de Santo Tomás de Aquino ocupa un lugar decisivo el pensamiento aristotélico es también generalmente admitido. Lo que se ha discutido a veces, y también por autores valiosos, es si la "opción" por el aristotelismo vino a ser en Santo Tomás algo así como un propósito de atenerse a la cultura contemporánea más que la decisión de incorporar instrumentos conceptuales del aristotelismo a la sistematización de la doctrina sagrada. Pero si se asumiese, unilateral y exclusivamente, aquella posición, según la cual Santo Tomás no habría intentado otra cosa que la puesta al día de su tarea a la problemática y al sistema de opiniones contemporáneos, se podría marchar en la dirección de la "relativización" de cualesquiera de sus tesis y se tendería a ver en las insistentes prescripciones y recomendaciones jerárquicas del estudio de Santo Tomás exclusivamente una directriz de carácter pedagógico sin intención ni contenido doctrinal sistemático.
Mi convicción
es que hay que tener presentes hechos como el precepto dado por
San Ignacio de Loyola en las Constituciones de la Compañía de
Jesús: "en lógica, filosofía natural y real se seguirá
la doctrina de Aristóteles" de imposible interpretación
desde aquel relativismo historicista. León XIII, al confirmar e
interpretar auténticamente aquellas Constituciones en sus Letras
Apostólicas Gravissime Nos (30 de diciembre de 1892)
establece que: "la doctrina de Santo Tomás se ha de seguir
no sólo en lo teológico, pues, aunque según la regla se ha de
seguir en filosofía a Aristóteles, la filosofía de Santo
Tomás no es otra que la aristotélica, porque el Angélico
interpretó esta filosofía con más competencia que nadie, la
enmendó de errores, la hizo cristiana y la utilizó en la
exposición y vindicación de la verdad católica".
He aducido
aquí estos actos de San Ignacio y de León XIII porque me dan
libertad de espíritu para afirmar mi convicción de que Santo
Tomás recibe la doctrina de Aristóteles porque la tiene por
racionalmente verdadera, y, precisamente, por cuanto "la
doctrina sagrada usa de las autoridades de los filósofos en lo
que pudieron conocer la verdad por razón natural" (S. Th. Iª
Qu. 1ª, artº 8º, ad secundum). Tampoco es difícil encontrar
en su obra la expresión explícita de la intención
teológica de su opción aristotélica.
Por esto,
tengo por legítimo, doctrinal e históricamente, reconocer la
existencia, en Santo Tomás de Aquino, de una "filosofía
cristiana", que se menciona en el título de la Encíclica
de León XIII Aeterni Patris y de la que habló también,
hace pocos años, Juan Pablo II en la Fides et ratio.
De aquí que,
aunque reafirmando la distinción entre la ciencia sagrada y el
saber filosófico, sea una tarea legítima y urgente la de tratar
de comprender, en su armónica coherencia sintética, el sistema
de pensamiento de Santo Tomás de Aquino, en el que se conexionan
y relacionan inseparablemente los conocimientos teológicos y los
filosóficos.
En otra
ocasión, en un acto de la SITA barcelonesa, traté de exponer
algunas líneas nucleares de la síntesis filosófica de Santo
Tomás de Aquino. Me propongo, en esta ponencia, indicar las
líneas y nexos que nos permiten comprender el pensamiento de
Santo Tomás puesto al servicio de la reinstauración del hombre
en Cristo, en Quien constituyó Dios la "unidad según
síntesis" de la naturaleza humana de Quien había de
"salvar al pueblo de sus pecados" con Dios Verbo e Hijo
del Padre, enviado por Éste, hecho hombre, para que nosotros
fuésemos partícipes de la divina naturaleza.
De aquí que
el sistema de enunciados propuestos en este trabajo se centrará,
principalmente, en aquellos puntos nucleares de la Revelación en
la Sagrada Escritura o en la Tradición que han iluminado y
orientado incluso las tareas de la filosofía cristiana por haber
sido nucleares en la tarea secular de la elaboración de la
doctrina sagrada, ya sea en su vertiente "positiva", ya
sea en su vertiente especulativa o escolástica.
Este trabajo
no pretende siquiera esbozar el trazado arquitectónico del
edificio de la doctrina sagrada y de los instrumentos
filosóficos a su servicio que abarca la obra de Santo Tomás de
Aquino. Su objeto es sólo llamar la atención sobre algunos
puntos de partida y algunos movimientos conceptuales que me
parecen muy orientadores en su tarea y que ponen de manifiesto un
rasgo característico de su talante y actitud como pensador.
Santo Tomás
busca que sus raciocinios y sus afirmaciones no separen lo que en
la realidad creada por Dios está unido y a esto se dirigen sus
tesis sobre las estructuras acto-potenciales y a esto responde
también su lenguaje de la analogía según proporcionalidad, que
configura su comprensión ontológica de los diversos niveles de
perfección en la escala de los seres.
Esta misma
actitud es también asumida por él en la sagrada Teología y
contribuye a que se eviten en ella doctrinas erróneas
frecuentemente enfrentadas antitéticamente entre sí y que,
desde opuestos enfoques, impiden pensar el misterio revelado
desde la perspectiva en que Dios lo ha instituido y nos lo ha
comunicado. Por esto, afirma Santo Tomás, en muchas ocasiones,
que la verdad católica anda por el camino recto entre errores
opuestos.
En la historia
de la filosofía hallamos unilateralismos y monismos estáticos o
del devenir, o el mismo conocimiento humano es evaluado como
lenguaje conceptual postulando exclusivismos inmediatistas, o
ejerciendo tales inmediatismos en opciones antitéticas, o bien
empiristas, desintegradoras del conocimiento intelectual, o en
"ontologismos" que, al absolutizar como inteligibles
"ideas" pretendidamente vistas, sacrifican la realidad
de lo singular y existente a la fingida absoluta realidad de las
ideas. Así, en lo dogmático, ha habido negaciones de la gracia
de Dios en nombre del libre albedrío humano, o negaciones del
libre albedrío humano en nombre de la gracia de Dios, negaciones
de la verdadera humanidad de Jesucristo en nombre de la divinidad
del Verbo encarnado -que así no sería ya el Verbo encarnado- o
negaciones de la divinidad de Cristo en nombre de la naturaleza
humana del Mesías, que así no sería ya reconocido como el Hijo
de Dios, encarnado para nuestra salvación.
Heredero de la
tradición dogmática frente a los errores heréticos, Santo
Tomás de Aquino viene a ser el Doctor
"encarnacionista" por antonomasia. Por esto, he tomado
como título de esta comunicación un Cánon dogmático del V
Concilio Ecuménico, II de Constantinopla, en el que se
consideran excluidos de la fe católica los que no confiesen
"la unidad según síntesis de Dios Verbo a Su carne,
animada con alma racional e intelectual" (DS nº 424).
"Quienes siguen la impiedad de Apolinar y de Eutiques,
buscando la destrucción de las cosas que entre sí convienen,
hablan de una unión según la confusión; pero los secuaces de
Teodoro y de Nestorio se complacen en la división y ponen sólo
una unidad de afecto. La Santa Iglesia de Dios, rechazando la
perfidia de una y otra impiedad, confiesa que la unión de Dios
Verbo a la Carne se ha obrado según síntesis (es decir, según com-posición)"
(DS nº 425; citado en S. Th IIIª, Qu. 2, artº 6, in c.).
La grandeza
especulativa y la poderosa fuerza orientadora para la vida humana
del pensamiento del Angélico se arraigan en la humildad
intelectual por la que sus afirmaciones manifiestan la verdad de
una misma esencia dicha de muchos individuos singulares
existentes, de la realidad de la permanencia substancial de los
entes y de la realidad de sus cambios en diversas líneas
categoriales, utilizando el lenguaje analógico apto para afirmar
los singulares materiales como entes en los que su forma
substancial está sintetizada (puesta con) su materia individual;
y, porque en todo devenir, la permanencia de lo cambiante -sin
cuyo reconocimiento no se podría afirmar de algo que cambie- el
pensamiento analógico afirma las "com-posiciones" de
capacidades activas "potenciales" respecto de sus actos
u operaciones.
Si el
pensamiento de Santo Tomás ha podido ser elogiado no sólo como
receptor del pensamiento verdadero tradicional, sino por su
actitud integradora de nuevas adquisiciones verdaderas y por su
aptitud para la superación, casi diríamos anticipativa, de
errores que sobrevendrían en épocas posteriores a la suya, se
debe, radicalmente, a que, por el respeto ejercido por el
lenguaje de la analogía a todas las dimensiones de la realidad,
se libró del riesgo de asumir una categoría del ente para hacer
desaparecer en ella otras no menos reales que aquélla.
En etapas
diversas de la modernidad filosófica, la cantidad absorbió la
cualidad e, incluso, anuló, en nuestro pensamiento, la
substancia material; la relación ha sido instrumento de olvido o
negación de los subsitentes entre sí relacionados; la acción
ha tendido a ser absolutizada hasta la insania de olvidar el
sujeto agente y suponer que, quien no es, es capaz de obrar en su
autorealización, para darse a sí mismo el ser, desde su propia
nada. San Agustín afirmaba, como la más grave idolatría, la de
creer a Dios como, Quien no siendo, se da el ser a Sí mismo.
Es un signo de
nuestro tiempo que lo que San Agustín suponía absurdo en Dios y
en el universo creado haya venido a ser hoy un concepto
hegemónico que destruye de raíz la íntegra tarea de la
educación humana en la familia y en la escuela, y ejerce una
desintegración anárquica en muchas dimensiones de la vida
profesional, económica y política.
"Unidad según síntesis", fórmula dogmática que nos recuerda el modo cómo Dios obró la dispensación redentora, por la que Su Hijo, para ser Redentor del hombre, tuvo, en unidad sintética, la íntegra naturaleza humana de Jesucristo puesta con la hypóstasis divina del Hijo de Dios, es también, por lo mismo, como la consigna que nos viene del Doctor Angélico y que hará posible que afirmemos como "puestas juntamente", y no separadas ni enfrentadas, la fe y la razón, la gracia de Cristo y el hombre por Él redimido.
Francisco Canals Vidal
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