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Textos de Francisco Canals Vidal
artículos de Cristiandad de Barcelona

Una canonización providencial

*Cristiandad, núm. 731/733, de abril-junio de 1992, con ocasión de la canonización de san Claudio la Colombière, a la que, gozoso, pudo asistir el doctor Canals.

Reflexionando sobre el misterioso retraso con que parece haber llegado, en una perspectiva humana, la canonización de Claudio la Colombière, que murió en 1682, y fue beatificado en 1929, y que llega, como advierte el «Mensajero» italiano, cuando el Apostolado de la Oración, como tal, ya no existe en Francia, se sugiere en la mencionada revista, que en la perspectiva de la fe en la Providencia, la canonización del «fiel amigo» del Corazón de Cristo, parece prometer un nuevo florecimiento e impulso al culto para cuya difusión en la Iglesia fue escogido el santo jesuita unido a santa Margarita María de Alacoque.

Inicio de un nuevo capítulo en la historia de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Esto esperan que sea la declaración solemne pontificia sobre la santidad de Claudio, quienes se sienten más responsables en aquella tarea. Estas líneas sólo quieren aportar una sugerencia sobre una de las dimensiones, probablemente nuclear, que podría tener este nuevo capítulo. Esta sugerencia se inspira en lo que sentía sobre los designios providenciales expresados en el mensaje del Corazón de Cristo, el gran apóstol y maestro de espíritu que fue el jesuita Ramón Orlandis y Despuig (1873-1958). Pensaba él que la devoción contemporánea al Corazón de Jesús había de ser entendida a partir de tres momentos en que providencialmente fue manifestado a la Iglesia el llamamiento y el designio divino: las revelaciones a santa Margarita María de Alacoque; la acción apostólica del padre Enrique Ramière, concretada en la definitiva fundación del Apostolado de la Oración; el mensaje de infancia espiritual y de abandono y entrega al amor misericordioso de Dios, que fue el contenido de los escritos y del ejemplo de santidad de santa Teresita del Niño Jesús. En el escrito, titulado «Pensamientos y Ocurrencias », que el padre Orlandis redactó en 1934, expresando lo que ya sentía desde 1924, y que fue por primera vez publicado en las páginas de esta revista en junio de 1955, sólo estos tres nombres son citados para aludir a las tres etapas por las que, «después que la devoción al Corazón de Jesús se hizo pública y universal», entendía el padre Orlandis que se había ido providencialmente desarrollando. En los tiempos en que el padre Orlandis concibió su programa espiritual al servicio del Apostolado de la Oración, y en que redactó su escrito, y también en el momento de hacerse público éste, tal vez se presentaban ciertas perplejidades en torno a él. Nos referimos a dos interrogantes que se planteaban a algunos. Se refería el primero a la continuidad entre la corriente espiritual surgida de las revelaciones de Paray-le-Monial, y desarrollada en la Iglesia hasta culminar en las solemnidades del Sagrado Corazón y de Jesucristo Rey, y la espiritualidad de Teresita del Niño Jesús. El segundo, conexo con aquél se refería a la ausencia del nombre Claudio la Colombière, citado por Pío XI en la encíclica Miserentissimus Redemptio, en el escrito del padre Orlandis; lo que podría tal vez dar razón a quienes quisieran ver un contraste o inconexión entre las respectivas espiritualidades suscitadas desde Paray-le-Monial y desde Lisieux.

Aquellos interrogantes tienen ahora una sencilla y simplificadora respuesta única. Claudio la Colombière no tuvo la misión «profética» de santa Margarita María, sino el carisma de discernimiento de espíritus, don de consejo, y palabra de sabiduría, para ser quien confirmase a la santa salesa y diese testimonio de su mensaje, en sus escritos y en su tarea de director de almas, ante la Iglesia. Este testimonio sobreviviría décadas después, hasta el triunfo en la Iglesia universal del mensaje comunicado a Margarita María.

Hemos dicho que una respuesta sencilla y única respondería a la doble interrogación antes formulada; pero lo hasta aquí dicho no parece responder más que a la segunda de las preguntas. Ahora bien, si Claudio la Colombière no recibió el mensaje que santa Margarita María le comunicó, y del que él dio testimonio, por lo que su nombre no es indispensable que sea citado al referirse a la primera etapa del culto moderno al Corazón de Jesús, encontraremos, si penetramos atentamente en sus escritos, que Claudio la Colombière vivió su camino espiritual por las sendas que Teresita del Niño Jesús tendría después misión doctoral y profética de recordar a todo el pueblo cristiano.

En 1954 decía Pío XII: «Teresa del Niño Jesús aparece con las manos vacías: fortuna, honor, influencia temporal, nada le atrae, nada la retiene, sino sólo Dios y su Reino. Pero en desquite el Señor le introduce en su casa, le confía sus secretos; Él le ha revelado lo que encubre a los sabios y a los poderosos. Y ahora, después de haber vivido silenciosa y oculta, habla y se dirige a toda la humanidad, a los ricos y a los pobres, a los grandes y a los humildes. Y les dice con Cristo: «Entrad por la puerta estrecha ».

«La puerta estrecha en verdad, pero accesible a todos, es la humildad. Teresa del Niño Jesús, que entró por ella en el Paraíso, se mantiene en el umbral, los brazos cargados de rosas, y muestra su camino de infancia. Lo que ella ha vuelto a hallar es el Evangelio, el corazón mismo del Evangelio».

Que no podía haber contraste real entre «el corazón mismo del Evangelio», redescubierto por santa Teresita del Niño Jesús, y la «síntesis de toda la religión » y «norma más perfecta de vida» que, al decir de Pío XI, contiene en la devoción al Corazón de Jesús, concretada en el espíritu de reparación y de consagración, manifestados a la Iglesia por santa Margarita María de Alacoque, mensajera del Corazón de Cristo, era en todo caso algo innegable.

Ahora, canonizado ya Claudio la Colombière, nos basta leer con atención fiel sus escritos, y meditar sobre el curso de su vida, para comprender que Claudio la Colombière, «el siervo fiel y perfecto amigo», fue santificado por el camino del abandono confiado a la divina Providencia, y por él fue llevado a la realidad de la perfecta inmolación y a la total desconfianza en las fuerzas del hombre, y a la absoluta e ilimitada confianza en el amor misericordioso de Dios.

Esta profunda unidad de espíritu entre la vida de Claudio y el mensaje de santa Teresita, se expresa también en un punto por el que Claudio la Colombière anticipa la doctrina del Apostolado de Enrique Ramière, y por el que santa Teresita del Niño Jesús, como afirmó en las páginas de esta revista el padre Roberto Cayuela, en enero de 1971, podría congruentemente ser proclamada patrona del Apostolado de la Oración.