Textos de Francisco Canals Vidal
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EXTRACTOS
DE LAS APORTACIONES PRESENTADAS EN EL ESPACIO PARA LA SÍNTESIS
DOCTRINAL DE SANTO TOMÁS DE AQUINO
FRANCISCO CANALS VIDAL
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La síntesis doctrinal
de Santo Tomás de Aquino
Porque ningún sistema doctrinal constituye la puerta para entrar en la Iglesia, ésta ha mantenido la libertad de las escuelas en Teología y en Filosofía. Es innegable que ha recomendado y elogiado la doctrina de Santo Tomás de Aquino, por reconocer la coherencia y unidad sintética con que armoniza, al servicio del Misterio revelado, las verdades racionales que pertenecen a lo perennemente válido del patrimonio filosófico humano.
¿Casi desconocida la síntesis doctrinal de Santo Tomás?
La búsqueda de la unidad en el saber es aspiración connatural del entendimiento humano, afirmaba el Padre Orlandis. Lamentaba que la síntesis doctrinal de Santo Tomás de Aquino hubiese quedado casi desconocida. La exclusiva atención a temas polémicos pudo distraer del contacto vivo con la propia obra de Santo Tomás. De este contacto puede provenir el redescubrimiento de su auténtica síntesis.
Algunas tesis características de la síntesis doctrinal de
Santo Tomás
A las veinticuatro tesis, reconocidas como auténtica doctrina de Santo Tomás, se añaden otras sobre los trascendentales, la referencia del hombre a la verdad, el conocimiento existencial del yo, los grados de perfección del ente, la naturaleza comunicativa del acto y la locutividad del entender, la voluntad y la libertad y el libre albedrío, la naturaleza del bien y el carácter privativo del mal, la primacía del bien en el orden de la causalidad, la constitución del ente personal y la esencial pertenencia del amor a su felicidad.
Conciencia existencial del yo
(Primera parte de la conferencia dada en Barcelona, en
28 de enero
de 2004, con motivo del acto de la Festividad de Santo Tomás
organizado por la SITA y la Fundación Balmesiana)
El conocimiento de nuestra alma no es sólo el conocimiento
universal de su naturaleza. Haciendo radicalmente posible todo
conocimiento, existe en el hombre en acto de pensar el
conocimiento del alma según que tiene ser en tal
individuo. Es la conciencia del yo, que no es intelección
objetiva, pero sí conocimiento intelectual. Lo singular no es
inteligible en cuanto material, pero lo espiritual individual
tiene un modo propio de inteligibilidad, sin la que
no habría relaciones interpersonales, ni memoria biográfica o
histórica, ni tradiciones de familias o de pueblos.
El conocimiento por connaturalidad
(Segunda parte de la conferencia dada en Barcelona, en
28 de enero
de 2004, con motivo del acto de la Festividad de Santo Tomás
organizado por la SITA y la Fundación Balmesiana)
Santo Tomás afirma insistentemente, distinguiéndolo del que
se expresa en enunciaciones objetivas que se enlazan
discursivamente en el raciocinio, un conocimiento por
connaturalidad con lo conocido, como el que tiene el
virtuoso respecto de la vida moral, en concreto. Si no existiese
esta connaturalidad arraigada en la conciencia existencial con lo
aprehendido por el hombre, no conoceríamos, ni práctica ni
teóricamente, la bondad del ente. Juan XXIII calificó la
doctrina del Doctor Angélico como sabiduría del
corazón. La lectura de Santo Tomás, hecha con sentimiento
de connaturalidad con él, patentiza que este conocimiento no
invalida los juicios conceptuales, sino que los vivifica y colma
de plenitud de sentido.
Unidad según síntesis
(Conferencia dada en Barcelona, en el Congreso de la
sección
española de la SITA, en 12-14 septiembre de 2002)
I.
Introducción
Santo Tomás de Aquino, para quien la fe presupone el
conocimiento racional, como la gracia presupone la naturaleza, es
aristotélico en Filosofía por motivaciones teológicas. La
unidad según síntesis, expresión de la unidad de
Cristo, podría resumir su actitud. La síntesis de Santo Tomás
no podría comprenderse olvidando las líneas de influencia del
Misterio revelado sobre su reflexión racional, precisamente
porque Santo Tomás viene a ser el Doctor
encarnacionista por antonomasia.
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II. En Cristo,
todo Dios es hombre y todo hombre es Dios
Estas palabras del Papa San Gelasio contra la división o la
confusión de lo humano y lo divino en Cristo resumen bien la
dogmática cristológica que Santo Tomás piensa a partir de la
redención del hombre, obrada por la Encarnación del Verbo y la
misión del Espíritu Santo. Por la humanidad de Cristo, Dios
comunica a los hombres la plenitud de Su divinidad. Cristo, en
cuanto hombre, es nuestro camino hacia Dios y causa, para
nosotros, también de la perfección de la naturaleza humana.
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III. La gracia
y el libre albedrío en el bien obrar del hombre
Santo Tomás evita el riesgo de separar, en el acto meritorio, la
eficacia de la gracia del ejercicio del libre albedrío humano,
como si no pudiese venir lo mismo de lo uno y de lo
otro: no es distinto lo que viene de Dios, como causa
primera, y lo que viene de las causas segundas, porque la divina
Providencia obra sus efectos en los entes creados por las
operaciones de las causas segundas.
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IV. La fe y la
razón en el conocimiento de Dios
Como la gracia presupone la naturaleza, la fe presupone el
conocimiento natural. Y porque la gracia perfecciona la
naturaleza, la razón natural ha de servir a la fe. Por esto, la
Doctrina Sagrada ha de usar las autoridades de los filósofos en
lo que conocieron la verdad por razón natural. Pero la fe, al
proponer sobre Dios verdades que exceden la razón humana, libera
al hombre del riesgo de la ignorancia y el error: Porque
sólo conocemos verdaderamente a Dios cuando creemos que Él es
superior a todo lo que acerca de Él pueda ser pensado por el
hombre.
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V. El
conocimiento del misterio trinitario en su doble necesidad
Sentimos rectamente de la creación porque, creyendo que
todas las cosas fueron hechas por Él, por el Verbo
divino, entendemos la contingencia de los entes creados
libremente por Dios, y porque la procesión del Amor nos muestra
la liberalidad del divino Amor que infunde el bien en las cosas.
A esta necesidad moral hemos de añadir la necesidad
absoluta: nuestra salvación se ha obrado por la Encarnación del
Verbo y la misión del Espíritu Santo.
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VI. Para leer
a Santo Tomás, un consejo de Garrigou-LaGrange
Porque en Santo Tomás son muy abundantes los elementos
filosóficos que subordina a Dios, autor de la gracia, si
dirigimos la atención exclusivamente a ellos haremos de Santo
Tomás una lectura material y
anti-mística y perderemos de vista las cimas de su
síntesis desde las que se puede comprender e iluminar todo lo
demás. Es un excelente consejo del insigne teólogo.
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VII. El
pensamiento racional al servicio de la Revelación
Para sentir la verdad de la afirmación de Pío XII, que elogió
a Santo Tomás como el que ha edificado la más sólida síntesis
entre las verdades filosóficas ciertas y las verdades reveladas,
se sugieren algunas líneas de influencia del lenguaje de la
Escritura en su pensamiento metafísico: Dios, Ser subsistente;
Dios Viviente; la perfección y bondad en las criaturas,
participación del bien divino; el hombre, imagen de Dios; la
revelación del Señor como el Dios Uno; la persona, único ente
buscado por sí mismo en el universo.
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VIII.
Reflexiones finales
La descalificación del pensamiento escolástico como ajeno a la
vida cristiana por su utilización del patrimonio filosófico
verdadero de la humanidad no se mueve en el auténtico sentir de
la Iglesia. Hay que evitar los olvidos y deformaciones que no
atienden a la autenticidad de la filosofía de Santo Tomás, sino
que lo deforman como un pensamiento estático, ni
captan el significado efusivo y perfectivo de la Providencia de
Dios en el hombre, tal como lo expone Santo Tomás.
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7 Verbum Hominis
(Conferencia dada en Roma, en el IX Congreso de la Pontificia
Academia Romana de Santo Tomás, en 24 de septiembre de 1990)
San Agustín define lo que Santo Tomás llamará
verbo mental o imagen intencional expresa como
la palabra del hombre que no pertenece a la lengua de gente
alguna. Santo Tomás caracteriza esta palabra mental como
lo entendido en el inteligente, que es formado por la
misma operación del entender. Así, la palabra mental es lugar
de la verdad manifestativa del ente en su ser. La palabra mental
es raíz de la libertad de albedrío y de toda efectuación
libre, es decir, principio del juicio práctico y del juicio
poiético o artístico-técnico. La palabra mental es la que hace
posible la comunidad humana, porque si los hombres no pudiesen
comunicarse mutuamente sus pensamientos, sería peor la
convivencia que cualquier soledad, como advierte San Agustín.
7 bis Realismo pensante
(7-II-2003)
Para Santo
Tomás la palabra mental es lo primeramente y por sí
entendido, ya que la cosa no se entiende sino en ella. Y
sostenía que lo entendido se comporta como algo formado
por la operación del entendimiento. El realismo de Santo
Tomás ha de ser definido como realismo pensante. Al
decir Kant que hasta ahora se ha creído que todo nuestro
conocimiento debía regularse sobre los objetos presuponía
la generalizada representación intuicionista: el
ser era conocido porque estaba puesto ante los
ojos del entendimiento. La naturaleza autocomunicativa del
acto y el carácter locutivo del entender
8 LA NATURALEZA
AUTOCOMUNICATIVA DEL ACTO Y EL CARÁCTER LOCUTIVO DEL ENTENDER
(13-II-2003)
Si no olvidamos que el ser es acto, y que es de la naturaleza del acto el que se comunique a sí mismo, comprenderemos que, para Santo Tomás, la operación inmanente del entender no se distinga de la acción predicamental por ser improductiva, sino por causar o producir en la interioridad. Entender es un acto manifestativo y locutivo. La operación inmanente emana dentro de sí misma la expresión de lo que entiende. Por esto, lo entendido en el que entiende es la intención y la palabra mental.
El decir mental es acto, no movimiento
(22-II-2003)
El malentendido que oponía las cualidades intencionales, como la intelección, de suyo no productivas, a las acciones predicamentales -negando a aquéllas el ser originantes de un término inmanente- provenía de relacionar necesariamente la emanación de un término con la acción y pasión predicamentales y, por lo mismo, con el movimiento propio del ente móvil. Si el entender es decir mental, no es porque el entender sea movimiento físico, sino porque es acto del que emana un acto.
Ser y pensar
(28-III-2003)
El malentendido de interpretar todo conocimiento como una visión del objeto entendido por el sujeto que entiende ha llevado, en la evolución histórica de la filosofía, a escisiones entre el pensar y el ser que han planteado la insoluble cuestión del puente o han reducido el ser a ser pensado. En todos estos casos se ha olvidado también, con el ser patentizado en la mismidad de la conciencia pensante, la naturaleza manifestativa de la verdad del ente del conocimiento en cuanto tal.
Ser y operación
(22-IV-2003)
La escisión y antítesis entre lo entitativo, concebido como estático, y lo operativo, concebido como dinámico, reducía la eficacia de la acción a un nivel categorial y regional. Para Santo Tomás, la comunicación de sí mismo es carácter propio del acto, y la operación inmanente del viviente espiritual sólo difiere de la acción predicamental en que el término de ésta es extrínseco al agente. Afirma la identidad formal de lo substancial y lo operativo en el ser divino y define la eternidad de la vida divina por la substantividad permanente de la operación misma.
La razón de un extraño resultado Crítica
tomista al criticismo kantiano
(3-IV-2003)
Kant quedó perplejo ante el extraño resultado de su descubrimiento de que los objetos deben regirse sobre nuestro conocimiento: agnosticismo en lo trascendente y fenomenismo en lo inmanente. Aristóteles, al decir que los modos de la predicación establecen las categorías del ente, había fundado el realismo pensante. Kant redescubrió en la auto-conciencia la originación del entendimiento, pero sus presupuestos racionalistas vaciaron la conciencia del yo reduciéndola a una superestructura lógica, y generaron así la pérdida del ser en el criticismo trascendental del que surgiría el idealismo.
La luz del entendimiento agente en la ontología del
conocimiento de Santo Tomás
(Artículo publicado en el nº 1 de la revista
Convivium, 1960)
I. Para Santo Tomás nuestro entendimiento no juzga de la verdad por inteligibles que existan fuera del alma, sino por la luz, que es el entendimiento agente, que hace los inteligibles.
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II. Esta virtud activa, formadora de los inteligibles en la conciencia pensante humana, le pertenece a la mente porque ella es inteligible en acto, es decir, en su mismo ser, recibido en una forma sin materia, es habitualmente capaz de auto-percibirse como existente.
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III. La comprensión del ser como acto y perfección de todas las cosas posibilita la del entender como cierto ser que, por lo mismo, es infinito en su naturaleza, lo que da razón de la infinidad intencional del cognoscente humano en la doble línea de la sensibilidad y del conocimiento intelectual.
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IV. Porque las
formas, determinantes de la naturaleza de las cosas finitas,
sólo se coartan por su recepción en la materia, lo inmaterial
es, por sí mismo, inteligible, lo que le da aptitud para tener
en sí las formas de lo otro. La naturaleza intelectual
constituye a un ente en inteligible intrínseco, en
el que pueden ser presentes las formas de lo otro, a modo de
inteligibles extrínsecos.
El entendimiento entiende lo que en él existe como
inteligible en acto. Por ascenso analógico alcanzamos a
afirmar como inteligible en acto puro la subsistente intelección
de la intelección, que es el mismo Ser subsistente.
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V. En vía descendente, hemos de pensar las substancias separadas como subsistentes en ser inmaterial e inteligible. El hombre -que está, en esta escala, en el último lugar- tiene el poder habitual de ser consciente de sí mismo según su ser con aquella vuelta sobre sí mismo que se constituye por la posesión del ser.
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La actitud filosófica de Santo Tomás como orientación
para una búsqueda de síntesis en el pensamiento contemporáneo
(Conferencia dada en Roma, en el I "Convegno" de la Sociedad Internacional Tomás de Aquino, el 17 de noviembre de 1979)
En la situación de perplejidad característica del paso de la modernidad a la postmodernidad, el tema del hombre todavía puede presentarse como el centro de perspectiva para el diálogo filosófico, a pesar de que, en nuestro tiempo, se da la situación que describía Hegel como aquella en que se consideran las opiniones como algo de lo que no hay que dar cuenta a nadie, sino sólo a sí mismo. El pensamiento de Santo Tomás se patentiza como de la máxima actualidad para nuestro tiempo que, en lo profundo, siente la necesidad de una doctrina y una ordenación social que restaure a la persona humana el lugar de dignidad que le corresponde.
La analogía como vía de síntesis
(28-V-2003)
Los problemas en torno a la analogía por la dualidad de la atribución y la proporcionalidad se resuelven por la lectura directa de Santo Tomás: ontológicamente, el ente se objetiva en una unidad según proporcionalidad que hace posible el ascenso a Dios como ente primero. En vía de descenso a partir del primer analogado, y en la sistematización teológica, la atribución piensa a Dios como Aquel de Quien participan y por El que son pensados como efectos suyos, ejemplados por Él, la pluralidad de los entes del universo creado.
La analogía de Santo Tomás y la dialéctica hegeliana
(5-VI-2003)
La síntesis elaborada por Santo Tomás con el instrumento de la analogía no es superación dialéctica de opuestos, sino com-posición armónica en el pensamiento de lo que está sintetizado en la realidad. La analogía hace posible escapar a las antinomias originadas en el pensamiento filosófico por la errónea comprensión intuicionista, que generó los empirismos y el univocismo racionalista y condujo al inconsistente punto de partida de la dialéctica hegeliana al definir el ser como lo inmediato indeterminado y poner en marcha el movimiento del pensamiento postulando la fuerza originaria de lo negativo.
Actualidad teológica de Santo Tomás
(19-IX-2003)
El teólogo Santo Tomás afirmó, fundadamente, la necesidad de un pensamiento filosófico al servicio de la fe. No puede considerarse una contingencia histórica, algo así como una concesión a la moda intelectual de su tiempo, la recepción del aristotelismo ni la incorporación, en una síntesis nueva, de la tradición agustiniana y del neoplatonismo cristiano. La teología de Santo Tomás mantiene su actualidad perenne y muestra muy especial congruencia con las necesidades de los hombres de nuestro tiempo.
Naturaleza humana y generación
(Comunicación enviada al X Congreso Internacional de la
Pontificia Academia Romana de Santo Tomás)
La generación es un bien tan grande que, en algún sentido, el hombre es por ella más semejante a Dios que los mismos ángeles, pues el hombre es del hombre como Dios de Dios. Por esto, en estado de inocencia se daría generación por la unión de los sexos: lo que es natural al hombre no se le da, ni se le priva de ello, por el pecado. Sin la caída original no habría desorden, pero el deleite propio de la unión de los sexos hubiera sido tanto más intenso cuanto más pura la naturaleza.
Santo Tomás frente al dualismo maniqueo
Atribuir a San Agustín o a Santo Tomás contaminaciones maniqueas en su concepción de la vida sexual humana, en sí ordenada a la generación de los hijos, supone un malentendido e ignorancia que olvida que los maniqueos eran, precisamente, hostiles principalmente a la generación, que decían que ligaba el hombre a la carne. La secta maniquea es una de las gnosis que, en forma de herejía cristiana, están en continuidad con el tipo de filosofías que dan consistencia absoluta a opuestos entre los que no puede haber superación sintética y entre los que no hay comunidad ontológica alguna. En este dualismo maniqueo, el Dios bueno no puede ser donador ni efusivo, ni puede lo malo ser nunca objeto de remedio misericordioso.
El mal moral en las personas creadas
Que la persona creada pueda ejercitar su libre albedrío eligiendo y obrando mal lo explica Santo Tomás sin concesión alguna al error que daría a lo malo como tal una eficiencia propia. Es la finitud misma la razón de que el sujeto moral creado pueda elegir sin actual atención a la norma. No atender a la norma es algo negativo y no privativo; sólo es privativo no atender a la norma cuando se elige. En su doctrina se afirma, pues, que todo lo entitativo procede de la suprema causa buena divina, sin que se pueda atribuir a ésta la privación causada por la deficiencia de las elecciones de la criatura. El connatural amor a sí mismo puede ocasionar la máxima tentación, la de la soberbia, al resistir culpablemente la criatura a la aceptación del don divino, cerrándose en sí misma e impidiendo la apertura al amor a Dios y al prójimo.
La libertad divina, ejemplar trascendente de toda libertad
creada
La afirmación de Santo Tomás de que el Espíritu Santo procede libremente del Padre, totalmente diversa y opuesta a la tesis que afirmaría la contingencia de la tercera persona de la Trinidad y su carácter de creatura, nos lleva a una lectura de textos de Santo Tomás por la que descubrimos que, en la misma libertad de las criaturas, la intención del bien y fin por sí amable es la raíz del libre albedrío respecto de todos los bienes contingentemente apetecibles. Descubrimos aquí un reflejo del acto eterno por el que el divino Amor es efusivo, necesaria y libremente, de sí mismo, en un acto eterno por el que del Padre, por Su Verbo e Hijo, procede, a modo de Don eterno, el Amor personal que es el Espíritu Santo. Encontramos, así, en la libertad divina el ejemplar supremo de que participa toda libertad creada.
La ordenación de la persona a asemejarse a Dios
(Comunicación enviada a la XXVIII Semana Tomista de
Buenos Aires, 8-12 de septiembre de 2003)
El hombre conoce como debiendo ser obrado todo
aquello a que se siente inclinado naturalmente: según el
orden de las inclinaciones naturales es el orden de los preceptos
de la Ley natural. Todo ente aspira a su perfección en
cuanto es participación y semejanza del bien divino. El sumo
bien para el hombre es Dios ya que, si negásemos que Dios es
bien para el hombre, tendríamos que negar la razón de que el
hombre deba amar a Dios. En la Creación y en la Providencia,
Dios busca Su gloria, la manifestación de Su bondad, no para
aumentar Su bien, sino para difundirlo en los seres personales
que obtienen su perfección en la contemplación amorosa del bien
divino.
Definición metafísica de Dios
(20-XI-2003)
En la cuestión conocida como la del constitutivo formal de la esencia divina o esencia metafísica de Dios, Santo Tomás opta inequívocamente por caracterizar la divina esencia como el mismo Ser subsistente o como la actualidad del Ser mismo. Supuesta su concepción del ser como el acto perfectísimo por el que son actuales las mismas esencias, en este concepto se halla la razón de la infinidad de todas las perfecciones divinas. Santo Tomás piensa esto en conexión con el texto bíblico Yo soy El que soy y, por lo mismo, es congruente que en la misma definición metafísica encontremos implícitamente afirmado el carácter personal de Dios y que podamos hallar la coherencia con las afirmaciones de que Dios es el Viviente perfecto y eterno, el Bien difusivo de Sí mismo y el Amor liberalmente donador de bienes.
Para la metafísica de la persona: Substancia, acción,
relación
(30-VII-2003)
Una tendencia a definir la persona como relación se apoya erróneamente en la teología trinitaria. Las personas divinas son relaciones subsistentes. Pero ya San Agustín ponía en claro el carácter substancial de las divinas personas. Nada es referido a si no es algo absoluto en sí. Las relaciones opuestas, que distinguen las personas, son constitutivas de las personas en cuanto que, por su identidad con la esencia divina, son subsistentes. En la persona de la que procede la persona nacida o la persona dada, hemos de pensar su constitución como persona como anterior a las procesiones, y la generación y la espiración activa han de ser entendidas como teniendo su término en el Hijo y el Espíritu Santo como hipóstasis subsistentes.
Por el camino recto
(15-X-2003)
Observa Santo Tomás que los errores mismos dan testimonio de la verdad porque se oponen no sólo a ella, sino también unos y otros entre sí. La verdad se presenta como una vía recta entre errores opuestos. Su actitud armonizadora y sintética ha causado muchas veces un rechazo que parece impulsado por cierto resentimiento frente a la grandiosa síntesis y a la amplitud enciclopédico-sistemática de su pensamiento. Se cae así en el riesgo de no aceptar que sea la clara afirmación teocéntrica la que exige a Santo Tomás comprender la naturaleza humana como destinataria de la salvación por Cristo presentado como causa eficiente no sólo de la divinización, sino de la perfección humana del hombre redimido.
Francisco Canals Vidal
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